Categoría: Sabiduría Antigua

Experimentando la libertad en Mexico!

Estoy de pie con las maletas llenas, mirando el océano azul turquesa y deseando que este momento dure para siempre. Dentro de unas horas regresaré a Los Ángeles, pero no quiero regresar. Quiero estar suspendida en la intersubjetividad creada por nuestro grupo aquí en la sagrada tierra Maya, un lugar donde el tiempo se curva en los espacios entrelazados del mito y la historia.

Nuestro viaje a México no fue un tour; fue una aventura transformadora que está reclamando fuertemente su espacio en cada célula de mi cuerpo. Me enamoré de cada participante, cada héroe de este viaje de siete días, donde aprendimos a trascender las ilusiones de la certeza y a escuchar la sabiduría de los ancestros, a los pájaros en la selva, a lo mejor de nuestros corazones, anhelando la autenticidad. Las lágrimas que derramamos en nuestras despedidas lavaron el último trozo de nubes en nuestros ojos. Hoy nos enfrentamos al cielo despejado, inhalando la energía del sol en el interior, sabiendo quiénes somos. Somos los mayas, somos los naguales, somos el sueño de la serpiente emplumada, viajando a través de experiencias, reconociéndonos y recordándonos a nosotros mismos.

Orión todavía brilla sobre mi cabeza, las pleiades justo detrás de mí.

En este viaje, abracé todo mi ser, aceptando mis deficiencias como acepté las curvas en los bordes de la pirámide del mago, riéndome de algunos pensamientos irracionales que proyectaban en mi cabeza todo lo malo lo que podría suceder y experimentando la vida tal como es: cruda, pura, corazón abierto, increíble. Mis lágrimas al final fueron al darme cuenta de lo bien que salió todo, de lo bendecida que estaba de estar con seres vibrantes que brillan inocencia y sabiduría. Actualicé viejas interpretaciones acerca de la dureza y el sufrimiento en la vida. No se necesita ninguno de ellos para vivir en este nuevo tiempo, el 2020, un año para saltar surcos.

Gracias a todos ustedes, amigos y familia real, por estos momentos, siempre navegados en la rueda del tiempo.

Abajo puedes encontrar varias fotos de nuestro viaje a México en este mes de febrero de 2020. Estamos planeando otro viaje a México del 15 al 21 de noviembre de 2020. ¡No te lo pierdas!

¡Espero verlos a todos muy pronto!

Con mucho amor y gratitud,
Aerin

 

No pierdas tu tiempo y tu poder temiendo la libertad.

“¿Puedes desviarte del camino que tus compañeros han marcado para ti? Y si permaneces con ellos, tus pensamientos y tus acciones se fijan para siempre en sus términos. Eso es la esclavitud. El guerrero, por otro lado, está libre de todo eso. La libertad es cara, pero el precio no es imposible de pagar. Entonces, teme a tus captores, a tus amos. No pierdas tu tiempo y tu poder temiendo la libertad.” – Carlos Castaneda

Durante la cena, mi hijo mencionó acerca del próximo Día de San Valentín y que había recibido una rosa de una niña en la escuela. Mientras mi esposo nos servía pasta y calabacín, mi hijo me preguntó si podía enviarle flores a ella. Asentí. Tenía curiosidad por saber si los niños varones de la clase se enviaban flores entre ellos. Cuando le pregunté, él respondió con otra pregunta:

“¿Eso es algo que puedo hacer?” con sus ojos muy abiertos sorprendido.

“Lo quieres hacer?” le pregunté.

“Si seguro,” dijo. 

Mi esposo intervino: “De ninguna manera, eso no es común. Las flores son generalmente para las mujeres.”

Sentí la atadura familiar en mi estómago que todavía siento cuando surgen cuestiones relacionadas con el género. Les dije que los hombres tienen los mismos derechos que las mujeres de expresar sus sentimientos y compartirlos en lugar de esconderlos detrás hacerse los machos levantando pesas o bebiendo paquetes de cervezas mientras gritan mirando el fútbol. Esta frase salió de mi lengua rápida y afilada, como si hubiera sido ensayada en mi cabeza durante años. Estaba a punto de continuar con la injusticia de las diferencias de género, pero me quedé quieta. Me sorprendí a mi misma de mis respuesta exagerada. Por un momento deje el presente y me transporté al pasado y una parte niña de mí estaba furiosa. Estaba de vuelta en mi infancia.

Crecí en una casa con cinco hombres. A lo largo de los años, fui testigo de cómo ellos reprimían los “buenos sentimientos,” los que los podían hacer reales, como la vulnerabilidad, la amabilidad o el cuidado. En cambio, se les permitía expresar solo uno: la agresión. En particular, uno de mis hermanos fue verbal y físicamente abusivo. ¿Su blanco? Las mujeres. Desde que tenía 3 o 4 años, escuchaba sus quejas y comentarios sarcásticos: “Las mujeres no pueden conducir, las mujeres no pueden dirigir una empresa, las mujeres solo limpian y cocinan, eso es lo único para lo que son buenas, etc.” Parecía disfrutar de mis arrebatos defensivos cuando yo expresaba una opinión diferente, pero eso solo alimentaba su despotricar. A medida que crecí, el despotricar se volvió físico. Me tiraba del pelo, me tapaba la nariz, me empujaba y amenazaba con pegarme. Era difícil hacerle parar o encontrar lugares para escapar de él y esconderme. Al principio, el llorar hacía que finalmente se detuviera, pero a medida que pasaban los años, para ser efectivo, necesitaba ser más dramática para que se detuviera, como tirarme del o golpearme la cara. Durante esos momentos, él me decía: “Ahí tienes, siempre supe que estabas loca”.

Como la mayoría de nosotros, gran parte de mi identidad se basó en estas experiencias de la infancia. Me enfermé cuando tenía nueve años y me di cuenta de que la enfermedad también podía ser un muro protector, para mantener a mi captor alejado de mí. Recuerdo acostarme en la cama de mis padres con fiebre alta y experimentar los límites de la cama como vallas seguras. Era un refugio acogedor, donde podía jugar en mi imaginación y viajar lejos. Para mantenerme a salvo, no comía mucho, así me curaría más lentamente. Me llevó treinta años de reflexión y trabajo interno darme cuenta de cuánto de mi personalidad se había construido alrededor de la interpretación errónea de que solo puedo estar segura si estoy enferma o si de alguna manera me lastimo al negarme la comida y el placer.

Las enseñanzas de Carlos Castaneda fueron el punto de inflexión que me puso en el camino hacia la libertad. Cuando lo conocí por primera vez, yo vivía en una prisión de amnesia creada por mí misma sobre quién era. Estaba consumida por mis pobres mecanismos de autodefensa y la falta de autoestima. El me preguntaba: “¿Qué te han hecho, Chola?”

Reaccionaba a su pregunta defensivamente: “Nadie me hizo nada. Estoy bien,” respondía desafiantemente. Recuerdo hoy claramente su dulce sonrisa, llena de compasión. No confiaba en él, era un hombre, como mi captor. Sin embargo, sentía que él le estaba hablando al mi verdadero Ser detrás de las vallas, la parte de mí que buscaba ser libre.

Me convertí en uno de sus alumnos directos, y aunque era una relación clara entre mentor y alumna, por dentro lo experimenté como mi abuelo. Mis abuelos en ambos lados de mi familia murieron cuando yo era joven y nunca tuve una relación cercana con ellos. Castaneda me instó y me apoyó a estudiar; nadie en mi familia había hecho eso antes. Él me llamaba y preguntaba sobre como estaba y me ayudaba con mi tarea, a veces dictando mis reportes por teléfono. También me instó a observar cómo me aferraba firmemente a mi propia imagen, a mi baja autoestima y a mi condicionamiento debido al miedo. Temía ser etiquetada como la traidora, la que abandonó a su familia. Temblaba ante la posibilidad de dejar de lado mi identidad de felpudo, que era todo lo que tenía. Pero el dolor de aferrarme a eso y de ser quien era mucho mayor que mi miedo a lo desconocido, al cambio.

“La libertad siempre está a tu alcance, en las puntas de tus dedos”, Castaneda me dijo, “¿te atreves a saltar?”

La formación bajo su tutela fue rigurosa. Diariamente, durante horas, practicábamos ejercicios similares a las artes marciales. Comencé a comer comidas sanas y completas cuatro veces al día, sin azúcares, sin sal, sin cafeína ni estimulantes. Tenía que cocinar mis comidas en casa, excepto cuando salíamos a comer con él. Cambié mi nombre y comencé a hablar un nuevo idioma, y ​​por primera vez en mi vida, ¡me sentí fuerte y segura y gané peso! Me convertí en una muy buena estudiante, algo que antes creía imposible de lograr, y hoy tengo dos Licenciaturas. Me enamoré del conocimiento. Y lo más importante, me enganché a lo que los videntes llamaron el pájaro de la libertad.

Hoy, sigo manteniendo la misma disciplina de una alimentación saludable, haciendo ejercicios e involucrando a mi cerebro en pensamientos profundos e interesantes y tengo la intención de hacerlo hasta el día que tome mi último aliento. Sigo aún bajando mis barreras, cuestionando mis miedos y disolviendo creencias limitantes. Acepto hoy que mi valor como ser no tiene nada que ver con mi género, fuerza física, dinero o peso, que no todos los hombres son como mi hermano y que ya nadie está tratando de lastimarme. He asumido la responsabilidad por el hecho de que la única persona que realmente puede lastimarme es mí misma. Me enfrenté al camino aterrador del compromiso de sostener relaciones a largo plazo y a un profundo amor por dos hombres: mi esposo y mi hijo.

La libertad hoy para mí es la aceptación de quién soy, incluyendo mis defectos, mi voz áspera y a veces ruidosa. La libertad ya no se trata de romper los límites fuera de mí. Se trata de romper la división dentro de mí, entre mi condicionamiento y mi corazón. La libertad es integrar la división interna y seguir luchando para ser auténtica, un viaje que aún continúa escribiéndose.

Buscar la libertad es la única fuerza impulsora que conozco

Una de las premises principales del Guerrero que aprendimos de Carlos Castaneda hace más de veinte años fue acerca de la libertad de percepción. Definió la libertad como la posibilidad de percibir no solo al mundo dado por sentado, sino también el experimentar todo lo que es humanamente posible de lograr.

Cuando Miles y yo conocimos Castaneda queríamos ser libres, pero realmente no sabíamos de qué queríamos liberarnos. El propósito de lograr la libertad de percibir y experimentar sin limitaciones nos ha llevado a un largo viaje de descubrimientos internos en el que todavía estamos hoy. Nos preguntamos, ¿qué es la libertad? ¿Cómo se vive en la vida diaria? Las respuestas son complejas, multifacéticas y en constante evolución.

Castaneda escribió:

“Buscar la libertad es la única fuerza impulsora que conozco. Libertad para volar a ese infinito allá afuera. Libertad para disolverse; despegar ser como la llama de una vela que, a pesar de estar a la luz entre mil millones de estrellas, permanece intacta, porque nunca pretendió ser más de lo que es: una simple vela.”

Como ejemplo de nuestro procesos, hemos reflexionado sobre la libertad en el contexto de la identidad de género. Nuestra identidad de género nos es dada al nacer, de acuerdo con nuestra anatomía. Desde el primer día estamos condicionados y moldeados de acuerdo con los parámetros asignados por nuestra socialización a esa identidad de género: quiénes podemos ser, cómo comportarnos, nuestros pensamientos, sentimientos, la capacidad de expresarnos, cómo vestirnos, qué trabajos tener, como amar. Cada uno de nosotros fué y es afectado por el condicionamiento social en un grado diferente quizás, pero del condicionamiento nadie parece liberarse.

Desde muy joven me enseñaron que debía ayudar a mi madre con las tareas domésticas que incluían por ejemplo, hacer las camas de mis hermanos mientras jugaban afuera. Yo también quería jugar fútbol afuera, pero no era apropiado que una niña se ensuciara los zapatos y se lastimara las piernas. En la cena familiar también quería participar, ser escuchada y expresarme como lo hacían los hombres de la familia, pero me callaban. Estaba condicionada a creer que los hombres eran más importantes y que cuando un hombre habla, las mujeres lo escuchan con atención y no al revés.

Es ese tipo de condicionamiento interfiere con nuestra posibilidad de libertad, aunque las circunstancias pueden ser diferentes para cada individuo.

Por ejemplo, una mujer puede estar condicionada a trabajar duro para alcanzar una carrera de alto perfil, mientras que de hecho tiene un profundo deseo oculto de ser madre y ama de casa. En muchas culturas, las mujeres sin carrera tienen muy poco valor. Y en otras culturas, todavía hoy en día, las mujeres sin esposo tienen poco valor.

Un hombre puede embarcarse en la búsqueda de ser un abogado exitoso de alto perfil, mientras que su verdadero deseo es ser artista o músico. Ha sido condicionado a creer que el arte no traerá éxito. A veces, nuestro condicionamiento social es tan fuerte que no sabemos hacernos las preguntas que nos permiten perseguir nuestros verdaderos intereses y pasiones, al tiempo que nos permitiría luchar por la realización de nuestro verdadero potencial y vivir una vida con alegría y significado profundo.

Raramente tenemos el espacio interno para cuestionar: ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero? ¿Para qué estoy aquí? Preguntar sin sentir la prisa por complacer las demandas de nuestro entorno o lo que nos ha impuesto. ¿Ya has descubierto tu verdadero Ser? ¿Te has preguntado qué deseas, cuáles son tus pasiones y sueños? O, como diría Carlos Castaneda: “¿Estás en un camino que tiene corazón?”. ¿Estás trabajando para liberarte del enredo de las expectativas de los demás y las ideas de lo que es correcto y aceptable?

Reconozcamos, en el contexto de nuestra identidad de género, que la biología de hombres y mujeres es diferente. Tenemos el MISMO VALOR, y deberíamos tener LOS MISMOS DERECHOS de ser nosotros mismos, las mismas oportunidades para estudiar, para tener carreras, para cumplir nuestros sueños como individuos, más allá del género. Ser tratado con justicia y respeto por nuestra sociedad. Sin embargo, nuestros cerebros funcionan de manera diferente y, a menudo, nuestros deseos y formas de realización son diferentes.

El elegir seguir lo que realmente está profundamente oculto dentro de nosotros es un proceso de descubrimiento y coraje. Es el viaje del héroe, el guerrero que quiere romper con la dominación del condicionamiento y las reglas implantadas en nuestros cerebros, parar el piloto automático de hábitos y repeticiones, y ser auténtico y leal a el propósito de nuestras almas.

La libertad es elegir ser TU SER único, incluso si la gente de tu alrededor desaprueba tus elecciones; se trata de ir por tus sueños, a pesar de los obstáculos. Significa aceptar quién eres realmente, no esconderlo, fingirlo o avergonzarte. La libertad tiene un precio: deberás asumir la responsabilidad de las elecciones que hagas, concentrarte y mantenerte en tu propósito sin darte por vencido.

Sí, a veces es difícil en nuestras vidas cambiar de rumbo y seguir nuestros verdaderos deseos, pero es una tarea que vale la pena. Te invitamos a considerar estas tres preguntas abiertas:

• ¿Alguna vez cambiaste el curso de tu vida a sabiendas porque escuchaste a tu verdadero yo?
• ¿Qué obstáculos encontraste en el camino?
• ¿Este viaje enriqueció tu vida?

Comparte tu historia, nos gustaría escucharla!. ¡Gracias!

Lo que Carlos Castaneda me Enseñó sobre el Poder de las Mujeres

¿Sabías que en los EE. UU. Alguien es agredido sexualmente cada 98 segundos, y el 90 por ciento de las víctimas adultas de violación son mujeres? Una encuesta reciente de 550 expertos en asuntos de la mujer concluyó que India es el país más peligroso para las mujeres, y el # 10, los Estados Unidos.

Recuerdo haber hablado con mi maestro, Carlos Castaneda, sobre el papel y la posición de las mujeres en el mundo. Castaneda, un antropólogo, escritor y heredero de un linaje de chamanes de México, me abrió los ojos cuando me encontré con él en 1995. La primera vez que lo mencionó, estábamos en su jardín, podando un limonero.

“¿Sabes que una de cada cinco mujeres está siendo agredida diariamente? ¿No solo en Argentina de donde vienes, sino en todo el mundo? “, Me preguntó.

“No, nunca escuché esa estadística.” Murmuré nerviosamente.

Crecí en una familia donde se ponía énfasis en servir y educar a los hombres. Mientras mis hermanos mayores se convirtieron en ingenieros y médicos, mi hermana y yo no terminamos ningún estudio después de la escuela secundaria. Yo era un estudiante distraída con notas bajas. Concentré mi atención en ser “agradable” y “linda” ya que los roles de los pensadores, estudiosos y de trabajadores ya habían sido tomados por hombres.

Quería convertirme en alguien, sentirme digna y fuerte, tener un trabajo, tener voz y voto en mi familia y en el mundo. Sin embargo, el bagaje de juicios y deseos incumplidos siempre me arrastraron no me dejaban terminar ninguno de mis proyectos que comenzaba. Desde comprometerme a un programa regular de ejercicios o dieta, a tomar una clase o un trabajo, lo abandonaba a la mitad del camino. Me abandonaba a mi misma.

Dudaba sobre mi fortaleza y me preguntaba si lo que escuché de mis hermanos y tíos sobre las mujeres, era cierto después de todo.

Las mujeres no pueden conducir bien

Las mujeres no pueden hacer negocios, son demasiado emocionales

Las mujeres no son confiables para dirigir la sociedad

Las mujeres no deben vestirse con mini faldas si quieren estar seguras

Educar a la mujer es un desperdicio de dinero

Debajo del limonero, compartí estos pensamientos con él con un poco de ira y enojo. Castaneda me inspiró a través de su humor, para no tomar tan en serio mi condicionamiento y mis experiencias pasadas. Dijo que podía vencer y liberarme de interperaciones y crear un nuevo futuro para mí, soñando más grande.

Él me enseñó a:

  • Cuestionar y desacelerar mis pensamientos
  • Equilibrar mis emociones con una dieta saludable sin estimulantes
  • Fortalecerme físicamente al mantener una práctica diaria
  • Educarme a mí misma, tener la energía y la resistencia para seguir mis sueños.

“La mejor manera de cambiar el mundo es comenzar por cambiarte a ti misma”, era su modo. “Usa tus fallas como rutas hacia el poder”, me decía y me daba técnicas específicas de empoderamiento e inspiración:

Recapitular, recordar y liberar todos los juicios no deseados y limitar las interpretaciones e identificaciones sobre mí y poner en práctica otras nuevas:

  1. Deficiencia De: “No puedo estudiar física, es imposible que mi cerebro lo entienda” A conquistar cuando obtuve una A en mi clase de física en la universidad.
  2. DE “Nunca termino o me gradúo de la escuela” A conquistar obteniendo DOS maestrías con altos honores

Practicar ejercicios físicos diarios para curar enfermedades de la infancia y fortalecerme:

  1. DE “De ninguna manera voy a ser capaz de mantener estas prácticas a diario” A “¡Sí! Lo estoy haciendo! Los ejercicios son simples y fáciles de incorporar en mi vida ocupada”.
  2. DE ser un respirador pobre con antecedentes familiares de enfermedad pulmonar y cardíaca A experimentar pulmones y corazón sanos y fuertes

Tener un Romance con Conocimiento, comprometerme con el pensamiento crítico y la filosofía:

  1. DE NO leer el periódico nunca; A leer noticias y diferenciar HECHOS de OPINIONES
  2. DE estar emocionalmente apegada ideas y creencias; A  OBSERVAR y luego percibir

Veintitrés años han pasado y puedo decir que este trabajo me ha cambiado por completo. Me he convertido en lo que quería ser, y me siento fortalecida y fuerte.

Creo en dar a las mujeres la oportunidad de educarse a altos niveles, ser físicamente fuertes y asumir posiciones de poder en la sociedad y la política a fin de crear un mundo más equilibrado.

La encuesta que mencioné arriba concluye que “los Estados Unidos se unen en tercer lugar con Siria por los riesgos que enfrentan las mujeres en términos de violencia sexual, incluida violación, acoso sexual, coacción sexual y falta de acceso a la justicia en casos de violación”. Gracias a # MeToo movement ahora evidenciamos algo que siempre supimos.

Lo Que Carlos Castaneda Me Enseño Sobre El Tiempo

El Tiempo es como un pensamiento o un deseo.

El Tiempo se mide por la intensidad del momento en que estás viviendo.

El Tiempo se suspende cuando experimentas silencio interno.

El Tiempo es una forma de atención.

El Tiempo no es medido por el reloj.

El Tiempo se dobla cuando prestas atención.

¡Son 5 para las 12, me estoy quedando sin Tiempo!

Estoy viviendo en el espacio de no Tiempo.

Estoy frente al Tiempo que se aproxima.

what Carlos Castaneda taught me about timeEstas son algunas de las frases que escuché expresar a Carlos Castaneda desde el momento en que lo conocí. Expresó su preocupación por el tiempo; redefinió su relación con el tiempo, y desafió la idea del tiempo, todos los días.

Castaneda llegó a tiempo a cada cita; no le gustaba que otras personas lo esperaran. Y no esperaba a nadie. El tiempo, cómo manejarlo, cómo estirarlo, cómo experimentar el tiempo no lineal fue una parte intrínseca de mi formación con él.

De una manera calmada y sobria, él hablaba sobre su propia muerte como si fuera algo inminente que sucedería en cuestión de días o minutos. Y, sin embargo, se comportaba como si tuviese todo el tiempo del mundo.

Nunca tenía estrés ni prisa, relajado disfrutaba de sus comidas, no tenía nerviosismo en sus estados de ánimo, incluso bajo la presión de las presentaciones de sus libros o la presión de tener que dar una conferencia a cientos de personas. Se tomaba su tiempo para caminar al escenario para entregar sus pensamientos, con las manos en los bolsillos y una expresión abierta de apertura y frescura. Se tomaba su tiempo para sentir la risa de la audiencia de sus chistes y comentarios, para responder preguntas, para mirar a los ojos y conectarse con las personas.

Todos los días de mi entrenamiento con él estaban llenos de intensidad aprendiendo a detener hábitos inconscientes y crear nuevas formas de comportarme, de ser. Mis días eran largos, como estirados por la intención de llegar a la “iluminación” tan pronto como pueda, antes de que él muera.

En las mañanas temprano iba a la escuela a aprender inglés, luego a trabajar en su compañía, luego a entrenarme físicamente en su estudio por otras 3 o 4 horas. Pero mis rutinas no estaban reguladas por el tiempo, o mi tiempo no estaba regulado por las rutinas, ni por las manecillas de mi reloj, como lo estaba cuando vivía en Argentina. Durante mi aprendizaje no tenía rutinas, ya que Castaneda cambiaba los horarios a menudo y aprendí a fluir con los eventos diarios,  tomar las cosas de a una, como avenían.

Debido a que estaba viviendo en un país nuevo, aprendiendo un nuevo idioma, comiendo alimentos extraños y viviendo con personas que apenas conocía, me sentí como suspendida en el tiempo.

Me permití ‘desaparecer’ por un tiempo del ‘mundo real’, como hacen algunos escritores para escribir una novela, o algunas personas lo hacen después de retirarse para crecer espiritualmente, y renuncié a mi tiempo para seguir un tiempo diferente.

Experimenté la suspensión del tiempo durante las largas horas de practicar secuencias de movimientos, como artes marciales, y largas horas de estar sentada en silencio. Después de superar mi resistencia inicial, tanto físicamente con mis músculos temblando y sin aliento, y mentalmente con pensamientos autodestructivos “No puedo hacer esto”, “esto es demasiado tiempo”, “quiero ir a casa, dormir, comer tacos, etc. “, experimenté estados de éxtasis.

what Carlos Castaneda taught me about timeUna oleada de bienestar y vitalidad fluía por mi cuerpo renovando la alegría de mis articulaciones moviéndose al unísono, la felicidad de mis pulmones expandiéndose por completo, la sangre fresca oxigenada recorriendo todos los vasos sanguíneos y las células de mi cuerpo, eliminando los desechos, desintoxicando, revitalizando mi derecho a pertenecer aquí, en este planeta en este momento.

Después de largos períodos de ejercicios practicados en cámara lenta, pude experimentar la delicada dulzura de la calma y la seguridad de era amada.

Más tarde comencé a experimentar esos estados cuando podando los árboles y trabajando en el jardín. O cuando almorzando con amigas, o incluso en el cine. O al despertar en la mañana, consciente de la singularidad del día, con gratitud consciente, sentada en el borde de mi cama, con los ojos cerrados, tomando las primeras inhalaciones del día, sintiendo mi corazón latir, mi piel suave y cálida, algunos pájaros cantando a la distancia, el bocinazo del automóvil del vecino, el caer de periódico en la calle, el olor a pan tostado, la risa de los niños que pasan por mi ventana en el camino a la escuela, el chapoteo del agua, mi marido en la ducha, mi hijo en el piano tocando la Oda a la Alegría.

La experiencia de esta vitalidad viva sigue fluyendo a través de mí como si mi maestro hubiera creado un vórtice a través del cual todas las experiencias son una y el tiempo es solo una pequeña parte del flujo constante de la vida que sigue sucediendo dentro y fuera de mí.

 

Lo que Carlos Castaneda me enseñó
acerca del camino del guerrero

 

En Todai-ji, el templo en la ciudad de Nara, estaba hipnotizada mirando el Buda más grande jamás construido en bronce cuando el concepto del “Camino del Guerrero” sacudió mi memoria.

El Camino del Guerrero fue el marco utilizado por Carlos Castaneda para describir la vida con impecabilidad y propósito. Consiste en una serie de premisas y comportamientos para tener una dirección en la vida de uno, como experimentar relaciones significativas y actuar con intenciones claras.

Significado, propósito, dirección era lo que me faltaba cuando conocí a Castaneda. Era 1995 y decidí mudarme de Argentina a los EE. UU. para estudiar esta forma de ser, que se convirtió en parte integral de mi vida.

Las premisas del Camino del Guerrero incluyen el uso impecable de la atención para mejorar la propia vida y comportamientos específicos para vivir la vida con vitalidad y audacia, como ejercicios regulares, prácticas para mejorar la capacidad de enfocar y redirigir los pensamientos, cultivar el silencio interior. usar la comida para desarrollar la percepción y la salud, trabajar con intención y agudizar el cuerpo físico como perceptor.

El recuerdo de mis primeros años bajo el riguroso entrenamiento físico de Castaneda fluyó a través de mi cuerpo mientras miraba al Buda.

Llegué a Tokio tres días antes con mi hijo de diez años, para unirme a un par de amigos y una guía para hacer un viaje “místico” visitando grandes templos en las ciudades humanas de Japón. Tomamos un tren de Kioto a Nara para visitar el Gran Salón de Buda, que es la estructura de madera más grande del mundo, construida para proteger a este Buda.

Me sentía mareada por el jetlag y las largas horas que pasamos en trenes desde Tokio hasta el Monte Fuji a Kyoto y, sin embargo, una sensación de maravilla se estaba expandiendo en mí. Los trenes estaban abarrotados y a veces esperábamos en largas filas que pronto se movían más rápido, manteniendo un ambiente de respeto y reconocimiento por el otro. Todos los transportes llegaron a tiempo y, a diferencia de las ciudades con grandes volúmenes de turismo, no se veía basura en ninguna parte. Las calles de Kioto estaban ‘vestidas’ por los árboles de cerezos en flor, oliendo como la dulzura de la primera vez que pruebas un helado. Exudaban un color blanco-rosado que evocaba bondad. Japón, en mi primera impresión, irradiaba vida y propósito, y un estado de reverencia que nutría mi alma, ya que resonaba en mí como el estado de ánimo de un guerrero.

Después de alimentar a los ciervos que vagaban por los terrenos de Todai-ji, considerados como mensajeros de los dioses, pasamos por la primera puerta del templo. Como lo había hecho en los templos anteriores, me lavé las manos y la boca en la Rueda del Dragón. Un gran pozo con incienso ardiendo era la siguiente parada. Mantuve el fuego en la vela blanca y lo puse a los pies del Buda en agradecimiento por nuestra comunidad del Camino Con Corazón. La luz del sol entraba al templo y la inhalé por la boca, como me enseñó Shanti, mi guía y una líder maya.

Cada paso hacia el Buda sirvió para calmar mis pensamientos y movió mi atención a un creciente sentimiento de vulnerabilidad y asombro,  como si cada momento de mi vida hubiera sido construido para que yo llegara a Todai-ji y experimentara la majestad del guerrero. Las palabras de Castaneda seguían resonando en mi mente:

“Un guerrero debe cultivar la sensación de que tiene todo lo necesario para el viaje extravagante que es su vida. Lo que cuenta para un guerrero es estar vivo. La vida en sí misma es suficiente, completa, y se explica a sí misma. Por lo tanto, uno puede decir sin ser presuntuoso que la experiencia de las experiencias es estar vivo”.
– Carlos Castaneda

Estaba viva y consciente. Mi hijo me preguntó si Buda también había sido un niño, y qué le pasó a él para convertirse en Buda, qué hizo él. En mi intento por decir algo coherente para su edad, pudo haber notado mi lucha porque interrumpió mi pensamiento y dijo: “Creo que lo entendí. Buda simplemente siguió meditando “.

Caminamos detrás del Buda y encontramos una fila de personas “tratando de atravesar” un agujero del mismo tamaño de las fosas nasales del Buda. La gente cree que si uno atravesaba las fosas nasales del Buda, uno era bendecido con su aliento. Salimos del templo llenos de reverencia y agradecimiento.

Castaneda solía contarme sobre sus experiencias con Kowayashi, un mentor japonés que tenía, antes de conocer a don Juan Matus, su maestro espiritual. Dijo que Kowayashi fue el primero que le enseñó acerca de un aspecto específico de la forma del guerrero: vivir con simplicidad, y Castaneda era un maestro en eso. A excepción de una silla, un sofá y un televisor, su casa no tenía muebles, ni pinturas en las paredes pálidas, ni espejos, ni decoraciones. Había grandes espacios claros para practicar movimientos y prácticas de silencio. En su armario, al que alguna vez me asomé, tenía dos pares de jeans, algunas camisetas y dos trajes a medida. Todos los gabinetes tenían pocos artículos. Había espacio para respirar en todas partes de la casa, llena de propósito y silencio.

La habitación de mi hostal en Kyoto tenía dos futones que enrollábamos durante el día a fin de poner una pequeña mesa en el tatami para el refrigerio y el desayuno. La ausencia de objetos y pertenencias materiales es lo que hace que el espacio tenga una calma y paz particular. Fue un recordatorio de vivir la belleza de la simplicidad y el propósito de la fortaleza sabiendo que “la experiencia de las experiencias es estar vivo”.

Una de las medidas que tomé cuando volví a Los Ángeles fue dejar mis pertenencias materiales extra; y ahora estoy en este proceso, creando espacios para que fluya el silencio.

Lo que mi Maestro Carlos Castaneda me Enseñó Acerca de la Muerte

Mis amigos Tom y Susanne de Hawaii me enviaron un mensaje de texto el sábado pasado:

“Durante unos quince minutos nos estuvimos preparando para morir. Y fue real. Y estábamos tranquilos. Qué regalo. Qué lástima que no pudiste venir para disfrutar de la diversión “.

Sonreí y exhalé. Llegué a Los Ángeles unos días antes después de pasar dos semanas con ellos en Hawai. Estaban bien. No estaban siendo sarcásticos. Ambos son terapeutas altamente educados que se jubilaron y ahora viven en la gran isla de Hawai. Son encantadores, inteligentes y audaces. Para ellos, un encuentro con la Muerte, como lo experimentaron cuando la alerta de amenaza de misiles sonó en sus teléfonos, fue un regalo.

Carlos Castaneda me dijo que la muerte está en todas partes: al atardecer, al final del día, cuando cae un pétalo de rosa, en la parte inferior de la página que estás leyendo, al final del aliento estás tomando. Pensar en la muerte nos catapulta a nuevas reflexiones, en una profunda gratitud por el simple pero poderoso acto de estar vivo. Es, según Castaneda, lo que le da ventaja a los guerreros.

Las enseñanzas de Castaneda sobre la muerte fueron una de las principales razones por las que dejé mi trabajo, mi novio, mi tribu y mi vida en Buenos Aires y me mudé a Los Ángeles hace 23 años. Leí sus libros cuando era adolescente y tuve la oportunidad de conocerlo y trabajar con él. Su maestro, Don Juan Matus, era un yaqui de Sonora, México y el líder de un linaje de videntes. Don Juan le transmitió su conocimiento a Castaneda, y él me lo pasó a mí.

A lo largo de los años de mi aprendizaje con Castaneda, habló sobre la muerte a menudo. Decía que la muerte es un recordatorio para estar alerta, un punto de referencia para comportarse con amabilidad, un impulso para establecer prioridades, una inspiración para el cambio o para sacudirse la mezquindad de las preocupaciones cotidianas.

A menudo me encontré atrapada en pensamientos contraproducentes, preocupándome por los pequeños detalles de la vida cotidiana, como estresarme por los exámenes de mi escuela, mi desempeño en el trabajo y lo que otros pensarían de mí, o las 15 libras extra que no podía eliminar. Él observó mi agitación y me preguntó:

“Ya que lo peor que te puede pasar ya está sucediendo –morirás algún día–, entonces ¿qué tan importante es realmente tu confusión interna? Verdaderamente, piénsalo.”

La presencia de la muerte y el hecho de que no sabía cuándo y cómo iba a morir me ayudaron a librarme de mis propias preocupaciones y a aportar claridad, determinación y sentido de propósito a mis acciones.

“¿Qué es lo que realmente tenemos, excepto la vida y nuestra propia muerte? Lo que hay que hacer cuando estás impaciente, don Juan me dijo, es girar a tu izquierda y pedirle consejo a tu muerte. Nos liberamos de una inmensa cantidad de mezquindad si tu muerte te hace un gesto, o si la vislumbras, o si solo tienes la sensación de que está ahí mirándote “.

Una vez, durante uno de mis primeros almuerzos con Castaneda y sus colegas en un restaurante en Santa Mónica, él me preguntó: “¿En qué crees que vale la pena pensar?”

“La muerte”, dije. No estaba tratando de complacerlo o escaparme con una respuesta fácil. Experimenté la muerte como la pérdida de seres queridos, como un final que me dejaba con un vacío y una tristeza sin resolver, una angustia difícil de descifrar. Evitaba reflexionar o incluso pensar en la muerte; y, sin embargo, ahí estaba, sentada junto a Castaneda en mi búsqueda para aprender más sobre la muerte.

Una serie de recuerdos me llegó en primer plano cuando volvió toda su atención hacia mí, curioso por saber más sobre eso.

Compartí con él algunos encuentros con la muerte que todavía estaban presentes en mi cuerpo. La primera vez que me encontré con la muerte, tenía ocho años y me enfermé de fiebre reumática. Pasé un año postrada en cama con fiebre alta. En un caso tuve una experiencia “fuera del cuerpo”, donde me vi literalmente separada de mi cuerpo, sobre la cama y mirándome en la cama.

La segunda experiencia que tuve con la muerte fue cuando tenía 14 años. Encontré cadáveres flotando en el río de la Plata en Buenos Aires, durante la dictadura militar que torturó y asesinó a miles de personas inocentes.

Luego, cuando tenía 17 años, salí de la ciudad con mis amigos para pasar las vacaciones en la playa. Su auto era algo pequeño para seis personas y yo no cabía bien. Mi madre no me dejó ir con ellos y tuve que ir con mi tía y mi primo. En la autopista, en el camino a la playa, el automóvil de mis amigos se estrelló contra un camión y los cinco murieron al instante.

Un par de años después de ese incidente, me caí al suelo de una discoteca cuando bailaba embriagada y tuve una convulsión. Mi corazón literalmente dejó de latir por unos segundos y me produje un corte severo en la cabeza.

Después de ese incidente, me tomó algunos años regresar a mi cuerpo. Lentamente cambié mi vida por completo. Comencé a comer saludablemente, cambié mi trabajo, cambié a mis amigos. Comencé a mostrar interés en las modalidades de sanación, en el crecimiento interno y en la espiritualidad. Todo me llevó a conocer a Castaneda en 1995.

“La muerte te ha tocado y te ha dado una segunda oportunidad”, me dijo ese día en el restaurante. “Nuestro encuentro con la muerte es inevitable. Va a suceder. La pregunta para ti –que es la pregunta para todos nosotros–, es: “¿Cómo vas a ir a ese encuentro? ¿Cómo vas a usar tu tiempo?”.

Este es el primer artículo en una serie llamada “Lo que Carlos Castaneda me Enseñó Acercad de…”. Estaré compartiendo algunas de las cosas más valiosas que recibí durante mi aprendizaje con Castaneda y que han cambiado la forma en que vivo mi vida. ¡Estén pendientes! Y visiten elsi.wpengine.com para aprender más acerca de nuestra comunidad.

Cuicuilco, Donde Me Reconecto Con Mi Legado

cuicuilco

Por Aridana Vasquez

El Valle de México tiene movimiento y quietud en un mismo instante.

¿Y si explorando la ciudad nos encontráramos de pronto en este espacio inerte entre el caos y la quietud? Podríamos entrar y salir del laberinto de la ciudad con un solo pestañear, y así encontrar nuestro propia voz, nuestro propósito y legado aceptando nuestra dualidad del fluir de la luz y vida que somos y de la quietud, oscuridad y muerte que también somos.

cuicuilcoEn el intento por vivir el día en total consciencia, cada vez que puedo, salgo de mi trabajo y me tomo un momento para ordenar mis pensamientos.

Camino hacia Cuicuilco, la zona arqueológica mesoamericana del periodo preclásico localizada en el sur-este del valle de Méjico, es traducido como el Lugar donde se hacen cantos y danzas. Esta ciudad tan lejana en el tiempo lineal aparente, y a la vez tan presente, la siento en plena conexión con mi espíritu ancestral. Ha sido siempre un refugio de ideas, un refugio silente de mares en calma para mi propia tempestades. Y se encuentra en plena ciudad, cerca de mi trabajo!.

Cuando llego a Cuicuilco respiro profundo y una recolección de antiguas memorias, me lanzan volando a ese espacio aislado y detenido en el tiempo. Siento que Cuicuilco me llama, y que quiere compartir conmigo sus secretos. Me gusta sentirme protegida por sus campos de lava. Las erupciones del Volcán Xitle sepultaron y destruyeron a Cuicuilco. Este desastre provocó la dispersión de la cultura Cuicuilca hacia Toluca y Teotihuacán; sus habitantes tuvieron que renacer y fortalecerse de nuevo.

cuicuilcoQuizá sea la energía de todo ese espacio cubierto de lava, las miles de vasijas y huesos que quedaron atrapados en la roca volcánica, en contención; quizá sean esos secretos cubiertos y atrapados en aquellas erupciones del Xitle donde la lava eternizó el momento. Como cuando estoy aquí parada se suspende mi tiempo y se aclara mis pensamientos.

Cuicuilco se abre a mis ojos como un núcleo vigoroso de energía reparadora.

Su pirámide circular me trae el recuerdo del viento que fluye sin barreras y limpia mi ser dual, lo despierta.

Me siento con el libro de Ernesto Sábato, “Sobre héroes y tumbas”  y esta oración llama mi atención:

“Un Misterioso acontecimiento se procede en estos momentos: anochece.”

cuicuilco¿Qué pasaría, entonces, si realmente viéramos pasar los días ir y venir , envueltos en el  misterio?…

¿Cómo serían nuestras vidas si nos dejáramos sorprender por la complejidad del anochecer?

¿Si realmente pusiéramos toda nuestra atención en una sola rotación terrestre, y al final del día encontráramos otras respuestas sobre nuestra especie o sobre nuestro ser?

¿Qué siento yo de verme aquí, en este instante, en este espacio de tiempo?”

Me hago estas preguntas desde que era muy pequeña: pensaba siempre en la dualidad de la vida y la muerte. Cuando sentía miedo, de un momento a otro, el viento venía a calmar mi espíritu… el viento de una noche llena de misterio.

cuicuilcoEn Cuicuilco, el viento fluye y pasa silbando una música para mi adentro, y a veces se topa con las aristas de mis pensamiento. Su pirámide circular se siente fluir, abrazando y reconstruyendo cada idea, cada pensamiento hasta su liberación; la redondez de su pirámide principal lo hace posible. Así se recibe el canto y la danza del lugar, sin obstáculo alguno; solo fluye y emprende vuelo a nuevas percepciones. Mis preocupaciones diarias desvanecen y danzo en el silencio. Me corazón se abre aún más y un ímpetu por reconocerme como parte de este misterio que me envuelve.

El viento toca mi mejilla mientras me recuerda “Estoy aquí, celebró mi tiempo, mis pasos, mi obscuridad y mi propio canto. Soy la vía donde confluyen los tiempos. Crece mi corazón”.

Soy vida.”

 

 

Nuestros Órganos Tienen su Propia Conciencia y Podemos Hablar con Ellos

organs have their own consciousness

Mi maestro Carlos Castaneda me enseñó esto:

Nuestros Órganos Tienen su Propia Conciencia y Podemos Hablar con Ellos

Este año marca el 20 aniversario de la partida de mi querido maestro y guía Carlos Castaneda. Lo conocí a mediados de los años noventa como un joven médico que buscaba un significado más profundo en mi camino como sanador para las personas.

Mi vida me trajo a él sin buscarlo.

Poco tiempo atrás, como residente médico en Bariloche, Argentina, había querido adentrarme en el conocimiento médico. Vengo de una familia de médicos y científicos, donde el trabajo arduo y la dedicación a la ética de la verdad tenían un gran valor.

our organs have their own consciousnessGracias a las altas calificaciones que había conseguido, la suerte y un poco de osadía, logré entrar en un programa único y prestigioso en el que me dejaban como la persona a cargo de ER (sala de emergencias) cada cuatro noches. Fue una inmersión total emocionante en la vida hospitalaria lo que me permitió lidiar con todo tipo de problemas médicos y emergencias. Prácticamente viví en la clínica y asistí en traumas, derrames cerebrales, ataques cardíacos o nacimientos de niños.

Tuve la experiencia de lidiar con decisiones de vida y muerte, de ver el misterio del cuerpo sanar milagrosamente y la presencia de la muerte en mis manos. La vida fue rápida y sorprendente. Sin embargo, crecía en mi el deseo de una visión más amplia y más abarcadora.

En muchas ocasiones, las herramientas que me habían dado como médico occidental no me podían ayudar con lo que se necesitaba; solo podía llevarme hasta un punto y una visión más holística se convirtió en una necesidad.

Uno de esos días, durante mi turno de noche, un paciente en mi guardia murió.

Estaba pasando la noche después de una cirugía menor y desarrolló un edema agudo de pulmón que lo llevó a ir a un paro. Lo moví a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) e intenté resucitarlo, pero no pude. Más tarde resultó que un medicamento cardíaco clave que el paciente necesitaba no había sido registrado en su tabla y nunca se lo habían dado. Él no debería haber muerto. El evento me llevó a reevaluar profundamente el significado de mi profesión y mi vida en general. La escuela de medicina no me dio el contenedor para estas situaciones. Incluso consideré dejar la medicina.

Dejé Argentina de regreso a EE. UU., mi país de nacimiento. Entonces, allí, la casualidad y el destino me hicieron conocer a Carlos Castaneda en persona y todo cambió en mi vida.

Cuando lo conocí, me invitó a almorzar, a un restaurante cubano local llamado Versailles que frecuentaba. Recuerdo que, cuando me invitó, me dijo que quería saber más sobre mí, pero apenas abrí la boca durante el almuerzo. Estaba muy animado todo el tiempo, y me hizo reír tanto con sus historias que mis músculos del vientre me dolían mucho. Tenía una presencia tan cautivadora y encantadora que me absorbió por completo.

Al final, mientras caminábamos hacia el automóvil en el estacionamiento, se acercó y casi en un susurro dijo que la razón por la que estábamos allí ese día era porque yo podía ser un puente entre el chamanismo que había aprendido de su maestro, don Juan Matus, y el mundo de la salud y la medicina.

En ese momento, no tenía idea de lo que esto significaba, pero su mensaje de una inteligencia y energía superiores en juego en la vida cotidiana llegó a llenar exactamente el vacío que había encontrado en mi vida médica habitual. Me enganché por completo.

Un aprendizaje directo que significaba estar abierto a nuevas ideas.

Con el tiempo, Carlos Castaneda se convirtió en mi mentor y guía. Dijo que no podía huir de mi destino y me animó a volver a la medicina. Pero él me dio el contenedor más grande, abrió lo que para mí era un nuevo paradigma en ese momento, que hoy, décadas más tarde, ha surgido en la ciencia y en nuestro entendimiento colectivo: que no existe tal distinción entre la mente y el cuerpo;

más bien, que somos una red de energía e información que se entrecruza en todas las direcciones entre la mente y el cuerpo. Los péptidos y otros productos bioquímicos transmiten los mensajes de nuestros pensamientos y nuestras emociones en todas partes, la percepción afecta el comportamiento y el comportamiento cambia la misma fisicalidad de nuestro cerebro y cuerpo, los recuerdos de nuestras experiencias de vida se almacenan en los órganos y en nuestra fascia y,

más que un individuo definido y aislado, somos más como una cooperativa de muchas voces, incluida una mayoría de ADN extranjero de un microbioma que hasta nos influencia aspectos fundamentales de nuestra identidad, como nuestros rasgos de personalidad, como un estudio pionero de la Universidad de California , Los Angeles (UCLA) recientemente mostró.

our organs have their own consciousnessTodo en nosotros está cambiando y evolucionando, no aislado, sino en una profunda resonancia con nuestro entorno, como la calidad del campo electromagnético emitido por nuestros corazones, que puede causar cambios específicos en los cerebros de las personas que nos rodean.

Ahora sabemos que podemos ingresar en estados de meditación profunda a través de la práctica y luego estos estados pueden causar cambios definitivos en todos nuestros principales mecanismos reguladores como la longitud de los telómeros (un biomarcador clave para la vida celular), las cascadas de inflamación y la reparación celular . Estas y otras conductas pueden cambiar la expresión misma de nuestro genoma a través del paisaje epigenético que ahora reconocemos como un entorno pluripotencial altamente fluido en el que vive nuestro cuerpo.

Lo que mi maestro Carlos Castaneda me presentó fue este mismo punto de vista. Utilizaba un lenguaje diferente, pero su sintaxis tenía las mismas implicaciones y conclusiones. Amplió el alcance de las posibilidades de mi experiencia humana y la de mis pacientes. La ciencia moderna y los antiguos principios y prácticas chamanísticos se unieron en una unidad de vida similar: nuestro mundo interno del cuerpo y la mente.

Lo que significa ‘Puedo hablar con mis órganos internos’

Una práctica que Carlos Castaneda me enseñó fue “hablar con mis órganos”. La idea era simple: así como existe el yo en general, también hay muchos aspectos individuales más pequeños de ese yo, representados en mis propios tejidos y órganos. En el dinámico mundo de la información dentro de mi cuerpo, hay una conciencia individual en cada uno de mis órganos. Nuestros órganos almacenan recuerdos y también contienen información. Y pueden hablar con nosotros. El gran yo puede entrar y establecer un diálogo con los diferentes órganos y tejidos.

En más de veinte años de talleres de enseñanza y práctica clínica, he encontrado que esto es muy preciso y de gran valor práctico para comprendernos a nosotros mismos y lo que nuestros cuerpos están experimentando.

A veces, veía a Castaneda ‘hablando con su hígado’, por ejemplo. Él hablaba con él de una manera muy amable, agradeciéndole todo el trabajo que habían hecho.  Acariciaba sus costillas justo donde está el hígado, y también se detenía y  un momento para “escucharlo”.

Se han identificado más de 500 funciones vitales en cada célula hepática, 24/7. Es el órgano que organiza y distribuye nuestros nutrientes y recursos internos. En nuestras ocupadas vidas modernas, tiende a sobrecargarse. Almacena material “en exceso”, no solo fisiológicamente sino también en nuestra Conciencia.

our organs have their own consciousnessNuestro estrés está ‘almacenado’ en el hígado.

Cuando nuestro hígado se ve abrumado, también se pone rígido e interfiere con otros órganos vecinos, como el estómago y los intestinos, o nuestra sensación de calma en el corazón.

Nuestros órganos pueden decirnos muchas cosas. Por ejemplo, un paciente que acudió a un tratamiento por estreñimiento severo, había recibido ayuda estándar de médicos como el aumento de fibra y ejercicio, ablandadores de heces e incluso antidepresivos, con resultados débiles. Durante la consulta, usando imágenes guiadas, establecimos una conversación “entre su ser superior y su colon”, y su colon le dijo que la razón por la que sostenía su movimiento era porque se sentía atrapado en el trabajo. Tenía una disputa a largo plazo con su socio comercial que no estaba siendo resuelta.

El colon estaba almacenando ese componente emocional y perceptual de su vida interior.

Entonces se dio cuenta de que había sido muy rígido en su posición sobre la disputa y necesitaba seguir adelante. El día después de que firmó los documentos de disolución tuvo una evacuación intestinal y en un mes recuperó su ritmo regular.

Otro ejemplo fascinante de cómo nuestros órganos almacenan información y experiencias de vida, incluso cosas muy específicas y detalladas, fue informado por Paul Pearsall, Ph.D., en su libro The Heart’s Code. Escuché acerca de esta cuenta por Ron Hulnik, Ph.D., uno de los fundadores del prestigioso programa de Psicología Espiritual en la Universidad de Santa Mónica, donde estoy muy emocionado de estar actualmente cursando una Certificación. Pearsall, un neuropsicólogo clínico en el Departamento de Donantes de Trasplantes de la Universidad de Arizona, describe cómo los receptores de órganos asimilan los recuerdos y los rasgos de personalidad del donante. Él cuenta el caso de una niña que había recibido un trasplante de corazón de otra niña que había sido asesinada. Pronto comenzó a tener sueños y recuerdos de haber sido asesinada, que finalmente se volvió tan vívida y detallada que su madre lo denunció y llevó a la policía a identificar al asesino real y probar el caso en la corte. La implicación de un evento tan inequívoco hace que sea innegable que los propios órganos, independientemente, son capaces de almacenar un alto nivel de especificidad de información.

¿Cómo hablo con mis órganos?

our organs have their own consciousnessHay dos pasos y una regla para hacer esto.

El primer paso es hacer algo para calmar la conversación mental y estar presente. ¡Esto puede ser un minuto enfocándonos en nuestra respiración, o incluso en una sola respiración!

El segundo paso es dirigir nuestra atención a un órgano particular con una actitud de investigación y establecer un diálogo.

La regla es que cuando hacemos una pregunta, tenemos que ser directos, como si estuviéramos hablando con alguien justo frente a nosotros, y luego hacer una pausa y esperar lo primero que se nos viene a la mente, sin condiciones previas. Puede ser un pensamiento, una imagen o un recuerdo. Podría ser la sensación de algo que podría aclararse en un momento posterior.

La regla significa que es información espontánea que se formula en nuestra Conciencia en la pausa inmediatamente después de dirigir la pregunta al órgano.

Algunas veces, no necesita ser siquiera una pregunta; todo lo que parece ser necesario es dirigir nuestra atención al órgano con la intención de verlo y escucharlo.

La Práctica.

Para el próximo momento, cierra los ojos y deja que tu atención cambie del mundo exterior al mundo interior. Simplemente puedes dejar que tu cuerpo libere cualquier tensión que no necesite, ahora mismo.

En un barrido desde la cabeza hasta los pies, simplemente examina todo tu cuerpo con tu atención y deja que cada músculo se relaje, deja que cada articulación se ablande, dejando que se abran todos los nervios, que se abran la circulación y la piel. Y deja que tu cuerpo lo haga a su propio ritmo.

Ahora, abre tus ojos interiores y dirige tu atención al órgano con el que quieres hablar, escuchar o simplemente mantener el espacio. Permítete usar tu imaginación completa y vivirla dentro de ti.

¿Has tenido algún problema con la salud de este órgano? Conéctate con estos síntomas, y específicamente con las emociones que estos síntomas surgen en ti. Mantén en sintonía con estas emociones por un momento. No los juzgues ni trates de cambiarlos, solo está con ellos.

Ahora, comienza a hablar con el órgano, como si fuera una persona con la que estás hablando. Una persona que también eres tú o un aspecto de ti. Manten una actitud de aprecio, compañerismo y apoyo. Esta parte de ti ha estado sufriendo y quieres estar allí para ello. Exprese cariñosamente al órgano su apoyo en este momento. Habla con el órgano como si fuera tu propio hijo de 5 años.

Haga preguntas simples y directas tales como:

“¿Por qué estás sufriendo?”

“¿Cómo se relaciona esto con mi vida en este momento?”

“¿Cómo puedo ayudarte para que te sientas mejor?”

“¿Hay algo que pueda hacer para que detengas este síntoma?”

our organs have their own consciousnessRecuerda, no prejuzgues ni descartes lo que surja cuando preguntas. Dedique un momento o mientras sientas que estas presente en este diálogo, o simplemente siéntate en presencia del órgano, sosteniendo allí tu Conciencia.

Cuando estés listo, agradece a tu órgano por estar disponible. Pide permiso para seguir dialogando en el futuro. Sal a tu propio ritmo e inmediatamente toma en cuenta la experiencia y la información que proviene de ella.

Les recomiendo que escriban esta información.

Ahi esta.

Simplicidad misma!

Lo que Aprendí en mi Encuentro con La Venerable , Líder de la Tradición Solar Maya

Querida Comunidad,

Hace un par de semanas fui invitada a enseñar movimientos de Being Energy® en un evento especial guiado por Nah Kin, la Venerable Abuela en Mérida, Yucatán. Nah Kin, La Venerable, es la líder de la Tradición Solar Maya y por los últimos 10 años se ha dedicado por completo a descargar los Códigos de la Nueva Era Maya. Formada por su propia abuela en el conocimiento y las artes Mayas, La Venerable es auténtica. Lo sentí. Se sintió como un llamado. Conocerla fue algo que yo había estado esperando, sin saberlo, por varios años: una conexión con el conocimiento de la Tradición Solar Maya.

Llegué a Cancún temprano por la tarde el lunes y viajé en autobús por cuatro horas, llegando a Mérida justo antes de la medianoche. Me encantó compartir este viaje con Ariadna, mi chaperona, que se unió a mí en la aventura. Al día siguiente estábamos listas y llegamos a la “Casa del Sol” con entusiasmo y propósito.

Nah KinLa Maestra Loly nos recibió con afecto cálido y La Venerable Nah Kin nos hizo sentir en casa. El evento se enfocaba en la mujeres, para recordar la esencia femenina divina al conectarnos con nuestras matrices y con la energía del Sol, como fuente de energía y como fuente de conciencia. ¡Oh, qué deleite!

Hubo muchas visualizaciones guiadas y meditaciones que incluian a la imagen del Huevo Dorado como fuente de creación y la imagen del Dragón Dorado como una fuente de conexión con lo divino. Oramos a la Virgen de Guadalupe en su día, con velas y quemando copal. Entonamos canciones guiadas por La Maestra Chantal, la hija de Nah Kin.Nah Kin

El rezo que invoca a Kinich Ahau, el Dios del Sol, los cantos, el bálsamo especial que me fue rociado para limpiar mi aura, usar una banda amarilla en mi frente y una faja roja alrededor de mi cintura, todo ello creó una atmósfera de conciencia acrecentada y de propósito. Me sentí muy conectada con el conocimiento y los rituales, como si siempre hubiera estado ahí. Era mi hogar, era mi gente. Me sentí muy agradecida.

La Venerable compartió mucha información y conocimiento interesantes, incluyendo actualizar las ideas y creenciad que nuestra cultura sostiene acerca de la menopausia y sus –quizá no tan agradables– síntomas. La Venerable nos enseñó que este período es el momento en que las mujeres se transforman en la mariposa que puede realmente volar: es un período para renacer, para la auto-regeneración. Es el momento precioso para ser libres y seguir el llamado interior a crecer y a evolucionar. La Venerable también habló acerca del Calendario Maya y como el 21 de diciembre de 2012 marcó el final de un período más largo y el inicio de uno nuevo; y que, 52 años después, alrededor de 2064, habrá un período de renacimienco para la humanidad.

Nah Kin

La Venerable compartió una increíble cantidad de información; pero lo más importante para mí fue cómo lo hizo: con autenticidad, honestidad, vulnerabilidad y profundo amor.Nah Kin

Fue un auténtico deleite guiar a todos los participantes en secuencias de Pases Energéticos, incluyendo la Forma Reuniendo Energía y La Serpiente Emplumada: Kukulcan. Estoy agradecida por haver vivido esta experiencia única.

 

A final de cuentas, me percaté de cuanto se juntan lo que enseña La Venerable y lo que enseñamos en Being Energy®. Ahora estamos conectados estrechamente con ella y con toda la gente maravillosa que trabaja con ella. ¡Estamos anticipando crear pronto un evento juntos!

Ensoñando hacia adelante,

Aerin