Categoría: Blog de la Comunidad

Lo que aprendí de mi padre acerca del amor

what I learned from my father about love

Unos meses atrás, tomé en Los Ángeles una clase sobre el autodesarrollo y surgió el tema del abuso de poder. Un hombre alto de setenta años, se levantó y expresó:

“Todas las mujeres que conozco han sido abusadas sexualmente.” Inmediatamente la imagen de mi mentor espiritual, Carlos Castaneda, diciéndome la misma frase hace más de 20 años me vino a la mente.

Sosteniendo el micrófono en su mano derecha, este hombre continuó:

Y quiero decirle a todas las mujeres aquí presente que no soy uno de los abusadores, y que hay muchos hombres como yo que respetan, honran y aprecian a las mujeres“, se le quebró su voz amorosa y las lágrimas corrieron con amabilidad por su rostro arrugado. Noté pecas en el dorso de sus manos. Él no tenía hijos propios: estaba ayudando a su esposa a criar a sus nietas.

Yo condeno el abuso; está mal “, concluyó. Un aplauso conmovedor del gran grupo lo siguió. Él me recordó a mi padre.

Siete años atrás, la noche después del funeral de mi madre me encontraba cenando con mi papá. Estábamos en un pequeño restaurante, en Buenos Aires, en la esquina de su departamento. Mi padre no tenía hambre pero yo insistí. Estaba pálido y sin aliento, y algo de comida le ayudaría a devolver algo de luz a su ser. Quería pasar tiempo a solas con él, lejos del resto de la familia en duelo; tomar un descanso de estar rodeados por las pertenencias de mi madre.

Las sillas de madera donde nos sentamos se sentían incómodas debajo de mis flacas nalgas. Había perdido peso desde que mi madre fue hospitalizada.

Mi papá pidió una milanesa con papas fritas, un plato típico Argentino, mientras yo buscaba en el menú frenéticamente una opción vegana. El camarero, voluntariamente, me ofreció un plato “fuera del menú” con quinoa y calabaza. Le agradecí. AL segundo noté que los vasos con agua que nos trajo estaban sucios, y la mesa también. Fue casi reconfortante notar las pequeñas cosas de la vida cotidiana, en medio de una experiencia estresante e intensa.

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En ese momento me pareció en lo profundo de mi corazón que todo lo que había aprendido con Castaneda, durante todos estos años de meditación y práctica, era en preparación para ese momento: para aceptar y abrazar la muerte de mi madre con el corazón abierto, sentir la gran pérdida sin negarla o dramatizarla, y experimentar el dolor de mi padre y permitir que así sea, sin juzgarlo.

Dos meses antes, a mi madre le diagnosticaron cáncer de pulmón avanzado. Fue hospitalizada durante tres semanas, se sometió a una cirugía para extraer agua de sus pulmones y recibió grandes dosis de corticoides para forzar la respiración. Regresó a su casa, donde murió pocos días después.

Todo el tiempo, mi padre estuvo a su lado, durmiendo en viejas e incómodas sillas de hospital público, yendo a su casa solo cuando mi madre lo solicitaba. Él no se quejó. Fue amable con los médicos y enfermeras. Lo presencié sentado en silencio a su lado durante horas, sosteniéndole las manos, mirando hacia abajo en busca de una explicación o rezando.

Mi madre era la más fuerte, el comandante en jefe que tenía la última palabra y tomaba decisiones confiables. Le decía a mi padre qué hacer, las facturas que debía pagar, los cumpleaños a los que debía ir. Ella atendía el teléfono y lideaba con la relaciones. Ella tenía la mano en todo y una personalidad dura.

Mi padre había sido un marino en su juventud, con un alma cariñosa, noble y honesta. Era alto, de complexión oscura y guapo. Era introvertido. Nunca levantó su voz ni a ella ni a nosotros sus hijos. Sufrió un ataque al corazón y dejó de fumar. Pero luego, cuando yo era una adolescente, lo despidieron de su trabajo, y eso lo desilusionó. Se deprimió y con la absorción crónica de medicación contribuyó de algún modo a vivir ensimismado.

“Todavía no puedo creer que ella estaba en esa caja”, dijo mirándome a los ojos por primera vez. La caja con las cenizas de mi madre parecía una caja de zapatos de cartón. Había una opción para pagar más dinero por una caja de madera, pero mis hermanos declinaron.

La misa para mi madre tuvo lugar el día anterior, en la iglesia donde mis padres se casaron, y donde todos nosotros fuimos bautizados. La encantadora basílica de la Virgen de Guadalupe fue el segundo hogar de mis padres, donde ofrecieron consejería matrimonial como parte de su servicio a la comunidad. Caminamos la distancia de dos cuadras hasta la iglesia llevando la caja con sus cenizas en una bolsa de papel. El sacerdote colocó la caja sobre el altar.

Estaba sentada junto a mi padre, en los bancos de madera de la iglesia, cuando él me tomó de la mano y me susurró al oído: “¿Puedes creer que mamá está en esa caja”? Tenía ochenta años, pero su voz se sentía tan joven e inocente.

“No papi, ella no está realmente allí”, logré decirle.

Al final del servicio todos seguimos al sacerdote hacia un jardín con flores. El sacerdote le indicó a mi padre que sostuviera las cenizas, pero él me las pasó a mí. Abrí la caja y extendí las cenizas en un pozo comunitario, uniendo las cenizas de mi madre con otros miembros y sacerdotes. Cuando terminó el servicio, noté que una gran fila de personas venían a saludarnos, para darnos el pésame, y decirnos que nuestra madre había sido su mentora, y lamentaban su pérdida. Otros me decían que me parecía a mi madre. Me di cuenta del impacto del trabajo de mi madre en su comunidad.

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“No se suponía que esto sucediera en este orden, esto está mal;” en el restaurante, mi padre resistía lo inevitable. En lugar de unirme a la desesperación o juzgarlo, algo dentro de mí decidió escucharlo. “Escucha a los demás como si tu vida dependiera de eso”, solía decirme Castaneda. Escuché y le di espacio a mi padre para que dijera cualquier cosa que quisiera decir, incondicionalmente.

La comida finalmente llegó y la mía sabía demasiado salada. La de mi padre se veía mejor. Le robé sus papas fritas.

“Tu madre fue la única para mí. Nunca hubo otra” me dijo sorprendido, casi maravillado de sus propias palabras. “Ella fue la única mujer en mi vida”.

Mi papá apoyaba a mi madre incluso cuando estaba en desacuerdo. La elogiaba, le agradecía por su trabajo en la casa y con sus hijos, le traía rosas rojas, sus flores favoritas, y celebra el tiempo que tenían juntos. Pero nunca me había enterado de cuán profundo era su amor.

¿Qué hará mi papá sin mi mamá? Pensé mientras lo escuchaba derrumbarse en lágrimas. Una parte de mí quería consolarlo, decirle que iba a estar bien. Otra parte de mí quería poner mi cabeza en su hombro, ser consolado por él, que me dijera que iba a vivir mucho tiempo.

No seguí ninguna de mis voces internas. Mantuve mi contacto visual, escuchando sus relatos sobre cómo conoció a mi madre; cómo solían hablar por la radio mientras viajaba por el mundo; cómo decidieron casarse; cómo decidió sacrificar el tener un título universitario para ganarse el pan y criar a seis hijos.

Doce meses después, en el mismo mes, mi padre murió. Conduje directamente desde el aeropuerto hasta la funeraria. Su cuerpo estaba frío, pero parecía fresco y vivo. Murió pacíficamente en su casa por la mañana, sentado en el sofá, después de terminar su té. Besé su frente y sostuve sus manos. Pude amarlo de la manera que él amó.

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¡Compartiendo nuestra Experiencia de Transformación en Inglaterra Contigo!

¡Regresamos de nuestro retiro Lidera tu Legado, en Worcester, Inglaterra, llenos de nueva conciencia y enamorados de los Jardines. Rodeado de árboles y de un paisaje ancestral, ese entorno único nos brindó la oportunidad de una sanación y un crecimiento profundos. Plantamos semillas en forma de intenciones y acciones específicas para continuar desarrollando nuestros legados.

Comenzamos nuestro primer día con un recorrido por los Jardines amurallados y pasamos tiempo aprendiendo sobre la historia del lugar.

Karen y Chris, nuestros anfitriones, compartieron su viaje de comprar inicialmente la tierra como un proyecto personal para la curación y su hogar, y cómo el Espíritu habló con ellos y los guió hacia lo que se convirtió en un proyecto de servicio: restaurar jardines históricos y abrirlos al público como un lugar para aprender sobre la historia, el linaje y el legado, y para disfrutar y sentirse conectado con la tierra y la comunidad.

Durante las sesiones, enseñamos secuencias especiales de pases de energía para desarrollar el Intento, revitalizando nuestros cuerpos a través de caminatas por la mañana y por la noche a través del enorme paisaje del Croome Estate (ver el video corto) respirando y restaurando nuestros cuerpos y mentes.

Disfrutamos de comidas saludables caseras hechas en el lugar, que incluían verduras y frutas del jardín histórico. Hicimos una presentación sobre Alimentos y energía y los participantes dijeron que habían sido inspirados a tener una nueva relación con los alimentos.

Las sesiones del taller incluyeron procesos de recapitulación profundos para reconocer, aceptar y construir nuestros propios legados. Escuchamos historias profundamente sentidas. Karen compartió una poderosa charla sobre su propio proceso de curación a través de la reconstrucción de los jardines que conmovió a todos hasta las lágrimas.

Otros participantes, como Oggi de Bulgaria y Gabriel de Suiza, nos contaron cómo se experimentaron a sí mismos como nunca antes, pudiendo experimentar a su hijo en su interior e integrarse emocional y enérgicamente.

Gabriel, al final del evento, estaba mareado y seguía diciendo con los ojos brillantes y una amplia sonrisa. “Esto es algo increíble que está sucediendo, ¡no puedo creer lo bien que me siento!”

A final de cuentas, el sentimiento único e histórico del lugar y su belleza proveyeron un ambiente perfecto para una profunda reconexión con nosotros mismos y nuestros legados.

Tuvimos un momento maravilloso el domingo cuando enseñamos nuestra clase en vivo del Camino con Corazón desde los Jardines y nos conectamos con nuestra comunidad en línea. Fue alentador y conmovedor ver a todos los participantes mostrar su energía y entusiasmo por la vida. Pudimos presenciar su propia transformación mientras comparten sus historias y sentimientos en línea.

Un aprendizaje que todos llevamos a casa es que estar en el espíritu de servicio revitaliza nuestro propósito y dirección, ralentiza el envejecimiento y mejora nuestra fisiología y nuestra psicología, manteniendo el punto de encaje en nuestros corazones, que es lo que enseñamos en nuestras clases del Camino Con Corazón.

¡Regresamos a casa llenos de energía, conectados espiritualmente y llenos de alegría, amor y gratitud por nuestra comunidad y por los procesos de aprendizaje y crecimiento que compartimos juntos!

Involucrarse con nuestra comunidad es una decisión increíble que puede iniciarte en tu legado y en una relación más profunda contigo mismo(a).

Si aún no lo has hecho regístrate en nuestras clases en línea para mujeres a partir de este fin de semana. Es una gran oportunidad para conectarte con una comunidad de mujeres maravillosas que trabajan juntas para desarrollar sus consciencias y para crecer con alegría y amor. Ve mi video de presentación de las clases aquí abajo.

Regístrate en las Clases para Mujeres

Con amor infinito,

Aerin Alexander y el Dr. Miles Reid

Nuestro Tiempo Mágico en Kunsangar, nuestro Taller de Being Energy

Nuestros Instructores de Being Energy®, Andrey Petrov, Anastasia Ganich, Valentina lantsinova y Sergei Minin, guiaron un poderoso y asombroso taller en Kunsangar, Moscú, del 29 de junio al 1 de julio. A continuación, comparten sus experiencias, fotos y un video de movimientos. ¡Estamos muy orgullosos de nuestros instructores por su trabajo impecable y su encantadora presencia!

DÍA 1

Estábamos listos. Dejamos los embotellamientos de tráfico en Moscú, el estrés de las preocupaciones cotidianas, aclaramos nuestras mentes y abrimos nuestros corazones para recibir a todos los participantes. Cuando comenzamos el taller, reconocimos nuestro temor de que los participantes prefirieran tener presentes a Miles y Aerin físicamente y luego lo dejamos ir. Confiamos en nuestras intenciones y en el trabajo. Entonces, Andrey comenzó la introducción al taller en un tono tranquilo y concentrado que trajo claridad y propósito a todos en la sala.

Luego comenzamos a guiar pases de energía con el palo. Al respirar y movernos al unísono, sentimos nuestro lugar en el espacio y recobramos nuestra integridad. Un color rosa en las mejillas de los participantes comenzó a aparecer y todos se sentían más a gusto y bienvenidos. Los ejercicios de testigo en tríos, compartiendo nuestras intenciones para el taller, trajeron aún más claridad y sentido de dirección para todos. Algunos participantes expresaron:

Tenía nuevas creencias. Me liberé de las ideas que tenía antes del seminario. Nuevas creencias vinieron a mí de que –de hecho– una persona, cada persona, es antes que nada un campo de energía: que cada uno de nosotros es un ser espiritual. Somos mucho más profundos de lo que pensamos; somos una especie de cosmos. Hay un cosmos en cada uno de nosotros.

DIA 2

Nos despierta una mañana brillante llena de pájaros cantando y aire fresco. Nos reunimos y caminamos hacia la naturaleza, hacia los árboles y el lago cercano. Practicamos el Aliento del Sol y el Baño del Bosque, una nueva práctica en la que nos alineamos con la Tierra. Caminamos desde la tienda donde practicamos, inmersos en el silencio; y, al cruzar la corriente, también cruzamos el límite entre la primera y la segunda atenciones. Al entrar en una arboleda de bellos y jóvenes abedules, giramos hacia el este en dirección al sol naciente. El sol era suave y templado esa mañana, a pesar del calor del verano. Inhalamos la energía del Sol, llenando nuestros cuerpos de luz y calor.

Después, cada uno de nosotros eligió un árbol y se conectó con él. ¡Qué hermosas criaturas! A veces parece que los árboles tienen una conexión más profunda con nosotros que los animales mismos.

Los árboles están llenos de “aquí y ahora”. Y nosotros, alineados y tranquilos, les contamos nuestros secretos, algo que estaba escondido en lo profundo de nosotros. Una brisa suave, que apareció de repente por un momento, se llevó todos nuestros miedos y ansiedades, ayudándonos a respirar y recapitular.

Durante la tarde, en la carpa, practicamos la Forma de Quetzalcoatl, pasando por las tres etapas de desarrollo de la Serpiente Emplumada:

  1. Estamos dentro del huevo y rompemos el capullo de restricciones
  2. Nosotros integramos la Tierra y el Cielo
  3. Abrimos nuestras alas y volamos

Esta forma nos ayudó en nuestra recapitulación, donde  recolectamos y reconocemos los dones de nuestro linaje familiar, observando las restricciones que se interponen en nuestro camino. Nos llevamos regalos brillantes y resplandecientes, y los incluimos en nuestros proyectos actuales.

Comentarios del participante

Me di cuenta de que el legado principal que dejamos atrás es nuestra luz. Mi madre siempre ayudaba a otras personas con consejos y regalos. La gente lo recuerda. El legado principal es la luz que proviene de nosotros. Le damos esta luz a nuestros parientes. Este es nuestro legado ¡Gracias a todos!

El segundo día terminó con una sesión con Aerin y Miles. Vimos las corrientes de lava en vivo en Hawai, y durante la meditación nuestras emanaciones se alinearon con las emanaciones de la Tierra para obtener un impulso y realizar nuestras intenciones.

DÍA 3

El tercer día, libres de restricciones, llenos del silencio de los árboles y la energía del sol, estábamos listos para tomar vuelo. Quetzalcoatl abrió sus alas.

Comentarios del participante

Durante el taller, realizamos un ejercicio para penetrar el caparazón. Fue suave. La restricción se ha ido y todo se ha vuelto claro, emocionante. Incluso el miedo no es tan grande como para detenerte. Después de eso, todo tomó forma rápidamente y los problemas dejaron de parecer insolubles. Había una solución para la tarea e incluso encontré un patrocinador para el viaje.

El concepto de una gira mundial se cernía sobre nosotros. La facilidad con la que los eventos comenzaron a desarrollarse fue simplemente sorprendente y sorprendente.

Quiero decirlo: vamos a hacer una gira mundial. Este es mi sueño hecho realidad. El objetivo es escribir un libro que me ayude a hacer una recapitulación más profunda.

Estoy muy agradecido con Aerin y Miles, con todos los practicantes. Su apoyo va simplemente más allá de las palabras. Estoy feliz de que todo esté aquí. Nuestra energía es asombrosa.

Somos seres holísticos y unidos, nacidos en esta Tierra y volando hacia las estrellas; equipados con el legado de nuestros antepasados ​​y listos para actuar. Es el momento de nuestro Legado.

Lo que Carlos Castaneda me Enseñó sobre el Poder de las Mujeres

¿Sabías que en los EE. UU. Alguien es agredido sexualmente cada 98 segundos, y el 90 por ciento de las víctimas adultas de violación son mujeres? Una encuesta reciente de 550 expertos en asuntos de la mujer concluyó que India es el país más peligroso para las mujeres, y el # 10, los Estados Unidos.

Recuerdo haber hablado con mi maestro, Carlos Castaneda, sobre el papel y la posición de las mujeres en el mundo. Castaneda, un antropólogo, escritor y heredero de un linaje de chamanes de México, me abrió los ojos cuando me encontré con él en 1995. La primera vez que lo mencionó, estábamos en su jardín, podando un limonero.

“¿Sabes que una de cada cinco mujeres está siendo agredida diariamente? ¿No solo en Argentina de donde vienes, sino en todo el mundo? “, Me preguntó.

“No, nunca escuché esa estadística.” Murmuré nerviosamente.

Crecí en una familia donde se ponía énfasis en servir y educar a los hombres. Mientras mis hermanos mayores se convirtieron en ingenieros y médicos, mi hermana y yo no terminamos ningún estudio después de la escuela secundaria. Yo era un estudiante distraída con notas bajas. Concentré mi atención en ser “agradable” y “linda” ya que los roles de los pensadores, estudiosos y de trabajadores ya habían sido tomados por hombres.

Quería convertirme en alguien, sentirme digna y fuerte, tener un trabajo, tener voz y voto en mi familia y en el mundo. Sin embargo, el bagaje de juicios y deseos incumplidos siempre me arrastraron no me dejaban terminar ninguno de mis proyectos que comenzaba. Desde comprometerme a un programa regular de ejercicios o dieta, a tomar una clase o un trabajo, lo abandonaba a la mitad del camino. Me abandonaba a mi misma.

Dudaba sobre mi fortaleza y me preguntaba si lo que escuché de mis hermanos y tíos sobre las mujeres, era cierto después de todo.

Las mujeres no pueden conducir bien

Las mujeres no pueden hacer negocios, son demasiado emocionales

Las mujeres no son confiables para dirigir la sociedad

Las mujeres no deben vestirse con mini faldas si quieren estar seguras

Educar a la mujer es un desperdicio de dinero

Debajo del limonero, compartí estos pensamientos con él con un poco de ira y enojo. Castaneda me inspiró a través de su humor, para no tomar tan en serio mi condicionamiento y mis experiencias pasadas. Dijo que podía vencer y liberarme de interperaciones y crear un nuevo futuro para mí, soñando más grande.

Él me enseñó a:

  • Cuestionar y desacelerar mis pensamientos
  • Equilibrar mis emociones con una dieta saludable sin estimulantes
  • Fortalecerme físicamente al mantener una práctica diaria
  • Educarme a mí misma, tener la energía y la resistencia para seguir mis sueños.

“La mejor manera de cambiar el mundo es comenzar por cambiarte a ti misma”, era su modo. “Usa tus fallas como rutas hacia el poder”, me decía y me daba técnicas específicas de empoderamiento e inspiración:

Recapitular, recordar y liberar todos los juicios no deseados y limitar las interpretaciones e identificaciones sobre mí y poner en práctica otras nuevas:

  1. Deficiencia De: “No puedo estudiar física, es imposible que mi cerebro lo entienda” A conquistar cuando obtuve una A en mi clase de física en la universidad.
  2. DE “Nunca termino o me gradúo de la escuela” A conquistar obteniendo DOS maestrías con altos honores

Practicar ejercicios físicos diarios para curar enfermedades de la infancia y fortalecerme:

  1. DE “De ninguna manera voy a ser capaz de mantener estas prácticas a diario” A “¡Sí! Lo estoy haciendo! Los ejercicios son simples y fáciles de incorporar en mi vida ocupada”.
  2. DE ser un respirador pobre con antecedentes familiares de enfermedad pulmonar y cardíaca A experimentar pulmones y corazón sanos y fuertes

Tener un Romance con Conocimiento, comprometerme con el pensamiento crítico y la filosofía:

  1. DE NO leer el periódico nunca; A leer noticias y diferenciar HECHOS de OPINIONES
  2. DE estar emocionalmente apegada ideas y creencias; A  OBSERVAR y luego percibir

Veintitrés años han pasado y puedo decir que este trabajo me ha cambiado por completo. Me he convertido en lo que quería ser, y me siento fortalecida y fuerte.

Creo en dar a las mujeres la oportunidad de educarse a altos niveles, ser físicamente fuertes y asumir posiciones de poder en la sociedad y la política a fin de crear un mundo más equilibrado.

La encuesta que mencioné arriba concluye que “los Estados Unidos se unen en tercer lugar con Siria por los riesgos que enfrentan las mujeres en términos de violencia sexual, incluida violación, acoso sexual, coacción sexual y falta de acceso a la justicia en casos de violación”. Gracias a # MeToo movement ahora evidenciamos algo que siempre supimos.

Lo Que Carlos Castaneda Me Enseño Sobre El Tiempo

El Tiempo es como un pensamiento o un deseo.

El Tiempo se mide por la intensidad del momento en que estás viviendo.

El Tiempo se suspende cuando experimentas silencio interno.

El Tiempo es una forma de atención.

El Tiempo no es medido por el reloj.

El Tiempo se dobla cuando prestas atención.

¡Son 5 para las 12, me estoy quedando sin Tiempo!

Estoy viviendo en el espacio de no Tiempo.

Estoy frente al Tiempo que se aproxima.

what Carlos Castaneda taught me about timeEstas son algunas de las frases que escuché expresar a Carlos Castaneda desde el momento en que lo conocí. Expresó su preocupación por el tiempo; redefinió su relación con el tiempo, y desafió la idea del tiempo, todos los días.

Castaneda llegó a tiempo a cada cita; no le gustaba que otras personas lo esperaran. Y no esperaba a nadie. El tiempo, cómo manejarlo, cómo estirarlo, cómo experimentar el tiempo no lineal fue una parte intrínseca de mi formación con él.

De una manera calmada y sobria, él hablaba sobre su propia muerte como si fuera algo inminente que sucedería en cuestión de días o minutos. Y, sin embargo, se comportaba como si tuviese todo el tiempo del mundo.

Nunca tenía estrés ni prisa, relajado disfrutaba de sus comidas, no tenía nerviosismo en sus estados de ánimo, incluso bajo la presión de las presentaciones de sus libros o la presión de tener que dar una conferencia a cientos de personas. Se tomaba su tiempo para caminar al escenario para entregar sus pensamientos, con las manos en los bolsillos y una expresión abierta de apertura y frescura. Se tomaba su tiempo para sentir la risa de la audiencia de sus chistes y comentarios, para responder preguntas, para mirar a los ojos y conectarse con las personas.

Todos los días de mi entrenamiento con él estaban llenos de intensidad aprendiendo a detener hábitos inconscientes y crear nuevas formas de comportarme, de ser. Mis días eran largos, como estirados por la intención de llegar a la “iluminación” tan pronto como pueda, antes de que él muera.

En las mañanas temprano iba a la escuela a aprender inglés, luego a trabajar en su compañía, luego a entrenarme físicamente en su estudio por otras 3 o 4 horas. Pero mis rutinas no estaban reguladas por el tiempo, o mi tiempo no estaba regulado por las rutinas, ni por las manecillas de mi reloj, como lo estaba cuando vivía en Argentina. Durante mi aprendizaje no tenía rutinas, ya que Castaneda cambiaba los horarios a menudo y aprendí a fluir con los eventos diarios,  tomar las cosas de a una, como avenían.

Debido a que estaba viviendo en un país nuevo, aprendiendo un nuevo idioma, comiendo alimentos extraños y viviendo con personas que apenas conocía, me sentí como suspendida en el tiempo.

Me permití ‘desaparecer’ por un tiempo del ‘mundo real’, como hacen algunos escritores para escribir una novela, o algunas personas lo hacen después de retirarse para crecer espiritualmente, y renuncié a mi tiempo para seguir un tiempo diferente.

Experimenté la suspensión del tiempo durante las largas horas de practicar secuencias de movimientos, como artes marciales, y largas horas de estar sentada en silencio. Después de superar mi resistencia inicial, tanto físicamente con mis músculos temblando y sin aliento, y mentalmente con pensamientos autodestructivos “No puedo hacer esto”, “esto es demasiado tiempo”, “quiero ir a casa, dormir, comer tacos, etc. “, experimenté estados de éxtasis.

what Carlos Castaneda taught me about timeUna oleada de bienestar y vitalidad fluía por mi cuerpo renovando la alegría de mis articulaciones moviéndose al unísono, la felicidad de mis pulmones expandiéndose por completo, la sangre fresca oxigenada recorriendo todos los vasos sanguíneos y las células de mi cuerpo, eliminando los desechos, desintoxicando, revitalizando mi derecho a pertenecer aquí, en este planeta en este momento.

Después de largos períodos de ejercicios practicados en cámara lenta, pude experimentar la delicada dulzura de la calma y la seguridad de era amada.

Más tarde comencé a experimentar esos estados cuando podando los árboles y trabajando en el jardín. O cuando almorzando con amigas, o incluso en el cine. O al despertar en la mañana, consciente de la singularidad del día, con gratitud consciente, sentada en el borde de mi cama, con los ojos cerrados, tomando las primeras inhalaciones del día, sintiendo mi corazón latir, mi piel suave y cálida, algunos pájaros cantando a la distancia, el bocinazo del automóvil del vecino, el caer de periódico en la calle, el olor a pan tostado, la risa de los niños que pasan por mi ventana en el camino a la escuela, el chapoteo del agua, mi marido en la ducha, mi hijo en el piano tocando la Oda a la Alegría.

La experiencia de esta vitalidad viva sigue fluyendo a través de mí como si mi maestro hubiera creado un vórtice a través del cual todas las experiencias son una y el tiempo es solo una pequeña parte del flujo constante de la vida que sigue sucediendo dentro y fuera de mí.

 

Concurso Parte 2: ¡Inspirándote a escribir!

¡Escribir es uno de los mejores regalos que tenemos como seres humanos y un maravilloso instrumento para dejar un legado. Sabemos acerca de nuestros ancestros, sus conocimientos, sabiduría y filosofías a través de la escritura y esta es la razón por la que te inspiramos a escribir.

Creamos este concurso porque sabemos que muchos de ustedes han sido inspirados e impactados por Carlos Castaneda y sus libros acerca de la sabiduría de los chamanes del antiguo Mexico. ¡Mientras celebramos el vigésimo aniversario de su muerte este año, queremos darte la oportunidad de compartir tu historia con la comunidad y tener la oportunidad de ganar una matrícula gratuita para uno de nuestros próximos talleres en la Ciudad de México, Inglaterra y Moscú! Escribe:  ¿Qué te atrajo de ellos? ¿Qué te inspiró sobre ellos? ¿Cuántos años tenías? Únate a nuestro concurso en Facebook y publica tu PROPIA historia aquí. Cómo los libros de Carlos Castaneda te han inspirado.

¡A continuación encontrarás nuestras historias como ejemplo para inspirarte!

Mi Historia – El primer momento en Que Abrí un Libro de Carlos Castaneda y el Giro que Tomó mi Vida Como Consecuencia

how Carlos Castaneda inspires you contestPor Aerin Alexander

“Para el hombre corriente el mundo es extraño porque, cuando no se aburre de él, está enemistado con él. Para un guerrero, el mundo es extraño porque es estupendo, pavoroso, misterioso, insondable. Un guerrero debe asumir la responsabilidad de estar aquí, en este mundo maravilloso, en este tiempo maravilloso.”
– Carlos Castaneda

Hola, mi nombre es Aerin Alexander y soy la directora del Instituto de Energía, Vida y Ciencias en California. A continuación, comparto con ustedes el primer momento en que abrí un libro de Carlos Castaneda y el giro que tomó mi vida como consecuencia.

Vivía en Buenos Aires, Argentina, en 1994 cuando escuché que Carlos Castaneda estaría en la ciudad para dar una charla a un selecto grupo de personas. Mi primera reacción fue emocional. “Lo que pensé. “¿Él existe? ¿Y él está en Buenos Aires? ¡Qué locura!”

Carlos Castaneda fue un antropólogo y visionario. Sus libros centrados en su aprendizaje con don Juan Matus, un indígena yaqui de Sonora, México, lo catapultaron a la fama en los años 60 y 70. La primera vez que abrí Viaje a Ixtlan, su tercer libro publicado, fue por accidente.

La hermana mayor de mi madre, Rosita, solía trabajar para la editorial Mexicana que publicó los libros de Castaneda en español. Nadie en mi familia era un lector ávido, incluyéndome a mí, y nunca había notado el libro hasta un día especial.

Nuestra familia acababa de mudarse a un departamento encima de un negocio de venta de polos, con baldosas viejas, ventanas rotas y agujeros en las paredes, de un apartamento más bonito, amueblado con alfombras y empapelado y una hipoteca que mis padres ya no podían pagar. Mi padre se vio obligado a renunciar a su trabajo, se negó a ser despedido, debido a la reestructuración que tuvo lugar en la empresa internacional en la que trabajó durante 15 años. Fue un momento estresante: mi padre estaba buscando un nuevo trabajo y mi madre, como de costumbre, estaba a cargo de la reubicación familiar.

Yo estaba ingresando a mi primer año de secundaria y estaba preocupada por mi peso. Estaba demasiado delgada y temía terminar en el hospital como ocurrió el año anterior, cuando fui hospitalizada por una recurrencia de fiebre reumática, la enfermedad de mi niñez. Era muy quisquillosa con la comidas, y bajo estrés, no podía tragar.

El nuevo departamento estaba lleno de cajas, y yo estaba a cargo, entre otras cosas, de organizar los libros. Mientras alineaba los pocos libros que teníamos en nuestra única estantería, Viaje a Ixtlán escapó de mis dedos y cayó al suelo, abierto en la página 15. El texto de esa página comenzaba: PRIMERA PARTE “Parar el mundo”.
Pasé a la siguiente página. Decía:

“Entiendo que usted conoce mucho de las plantas, Señor.”

Castaneda dijo presentándose a don Juan Matus. Pasé las páginas siguientes y paré en la 110.

“Los actos tienen poder”, dijo. “Especialmente cuando la persona que actúa sabe que esos actos son su última batalla. Hay una extraña felicidad consumidora en actuar con pleno conocimiento de que lo que sea que uno esté haciendo bien puede ser el último acto de uno en la Tierra”.

Me enderecé e inhalé; un escalofrío recorrió mi espina. Me senté en una las cajas que estaba vaciando y volví a la página 15 y comencé a leer nuevamente desde allí. Tenía catorce años y, sin quererlo, este libro captó toda mi atención. Los escritos de Castaneda describían al mundo como misterioso e insondable y los humanos, como guerreros con propósito y en relación con el vasto universo. Como un alimento saludable, cada página llenó espacios vacíos creando conexiones y vitalidad dentro de mí.

Sus palabras también sonaban familiares de alguna manera. Nunca había estado en México, pero soñé con la posibilidad de ir algún día. Mi nombre de nacimiento era María Guadalupe y, además de la devoción de mi madre por la Virgen, también había desarrollado mi propio anhelo por México. Aprendí en la escuela sobre Mesoamérica y el conocimiento de toltecas y mayas. Era la pirámide de Chichén Itzá en Yucantán, con su número exacto de pasos que representaban cada día del año y la orientación exacta al sol para reflejar una sombra en cada solsticio, en lo que no podía dejar de pensar. Los mayas vivían en relación con las estrellas, y don Juan le estaba enseñando a Castaneda sobre su vínculo con el universo invisible que lo rodeaba. Pensé que también podría, de alguna manera, sentir mi conexión con todo.

Ese día algo cambió en mí y sentí el surgimiento de un propósito, es decir, de significado en mi vida. De pronto me interesaron los libros y pasé a leer con avidez no solo más de Castaneda, sino también de Nietzsche, Borges, Neruda, Coelho. Mi tiempo estaba perfectamente sincronizado con la disponibilidad de libros. Las librerías estaban abriendo sus puertas en Buenos Aires después de una dictadura militar de siete años que prohibió la venta de libros y la publicación de muchos autores. Siendo una adolescente, no solo estaba hambrienta por aprender, sino que también estaba naturalmente encantada de acceder a lo que había sido prohibido.

Casi 13 años después, estaba estudiando las enseñanzas esotéricas de Gurdjieff y Ouspensky con un grupo de amigos, cuando el coordinador del grupo sugirió que leamos a Carlos Castaneda. Con el grupo, volví a leer Viaje a Ixtlán, y tenía la intención de conectarme más profundamente cada noche para comprender mi propia vida. Como si hubiera sido llamada a una cita, unos meses más tarde conocí a Castaneda en persona en Los Ángeles, y entré en el mundo de los brujos.

Mi Historia Sobre el Conocimiento de los Libros de Carlos Castaneda

Por Sergei Minin

Mi nombre es Sergey Minin. Vengo de la ciudad de Kirov, Rusia y soy practicante e instructor de Being Energy®. Quiero compartir con ustedes mi historia sobre el conocimiento de los libros de Carlos Castaneda.

Era estudiante cuando recibí el libro de Castaneda por primera vez. En ese momento tenía muchos amigos, y a menudo nos encontrábamos, escuchamos música y hablamos mucho. En el texto de una de las canciones escuché la frase “Castaneda no escribió nada al respecto”, y como siempre tuve curiosidad y me gustaba profundizar en las cosas, comencé a descubrir quién era Castaneda. En ese momento Internet aún no estaba desarrollado, recibimos conocimiento de nuestro medio ambiente, televisión, películas y libros. Uno de mis amigos tenía los libros de Castaneda, y él me dio a leerlos, luego leí sus primeros 4 libros, no quedó muy claro y lo abandoné. Fue el primer impulso del Espíritu.

El segundo caso también se conectó con mi amigo. Era muy diferente de todos mis otros amigos: su energía, su actitud hacia la vida. Transmitió puntos de vista extremadamente inusuales sobre la vida, que no estaba en mi familia ni en mi entorno. Hablamos mucho con los nuevos sobre el tema, y ​​él me dio un video cassette con el primer video de Cleargreen “12 movimientos básicos”. Las mujeres en el video (Kylie, Nyei y Reni) me causaron una impresión de misticismo, algo final e inevitable. Se cayó completamente fuera del contexto de mi cultura y mi tradición. Después de haber mirado una vez, puse el cassette en la caja.

El tercer caso ocurrió en algún lugar en seis meses o un año. Después de un viaje a un país vacacional de vacaciones, se activó en mí el virus latente de hepatitis B. Sabiendo esto por primera vez en mi vida, me acerqué a la idea de la muerte. Por primera vez, realmente sentí profundamente dentro, no en el nivel de la mente, que la muerte puede ser muy cercana. Entonces me puso muy serio.

El tratamiento fue difícil y duró más de un año. Dejé de consumir alcohol y cigarrillos y poco a poco mi círculo de comunicación comenzó a disminuir, comencé a pasar más tiempo solo. Luego accidentalmente di con una serie completa de libros a Castaneda, y de inmediato los leí todos.

Fue un efecto ensordecedor, ¡WOW! Un mundo completamente nuevo, incomprensible y muy atractivo para mí es el mundo de los chamanes y la magia. Cambió mucho mi imagen del mundo. Durante la lectura, la pregunta que me atormentaba constantemente surgió: ¿cómo llegar a las mismas condiciones que entrar en ese mundo? ¿Qué se necesita hacer para esto? No había instrucciones para esto en el libro. Justo en ese momento mi amigo se ofreció a participar en una empresa, falló miserablemente, y le debía mucho dinero a los bancos después de eso.

Unos meses más tarde comprendí muy bien que necesito confiar sólo en mí mismo. Era una sensación obvia y fuerte de confianza, desapego, sin piedad, un sentimiento nuevo para mí. Llegó a mí el conocimiento, sin duda interna, de que necesito cambiar, cambiar de ciudad, el lugar de trabajo, a mí mismo.

Pero una vez más no sabía cómo llegar a esto, dónde empezar, ¿dónde están las instrucciones? Un día en un soleado día de verano, me metí en el armario y encontré un video con pases mágicos. Encendí el video y comencé a aprender los movimientos. Unos meses más tarde realicé varias series de movimientos. Entonces no sentí ningún efecto directo de los movimientos, simplemente hice todo.

Los eventos en mi vida comenzaron a desarrollarse. Me mudé a otra ciudad, conseguí un nuevo trabajo, pagué las deudas rápidamente. Y dos años más tarde llegué a mi primer seminario sobre tensegridad en San Petersburgo. Esta es otra historia.

Mi Historia de Cómo Llegué a Descubrir Este Conocimiento

how Carlos Castaneda inspires you contestPor el Doctor Miles Reid

Hola, mi nombre es Miles Reid, y soy el director y fundador del Instituto de Energía, Vida y Ciencias. Conocí a Carlos Castaneda y estudié directamente con él, y en los últimos 23 años he incorporado las enseñanzas de los videntes del México antiguo en mi práctica profesional como médico y en mi vida personal como padre y esposo. Aquí está mi historia de cómo llegué a descubrir este conocimiento.

El nagual Carlos Castañeda me dijo que lo que hace que los eventos sean memorables o significativos no es lo grandilocuentes que son, sino cuando algo -los videntes del México antiguo lo llamaban intento o lo infinito- se cruza en nuestro camino que despierta cualidades inactivas.

Mi vida mientras crecí era convencional. Los valores de mi familia, con médicos como padres, educados en el paradigma de Europa Occidental, se basaron en la ciencia y la lógica como referencia. Ambos fueron amables y nos proporcionaron seguridad y educación, pero no había religión, ni espacio para el misterio ni para el pensamiento abstracto, ni por instrucción o modelo. Si uno fuera a trazar una línea hacia el futuro, siguiendo el curso que mi vida había tenido hasta mi adolescencia, uno podría haber pronosticado fácilmente un resultado similar para mi sentido de la realidad y la visión del mundo cuando fuera grande. Pero, a veces, la vida nos ofrece un evento que, aunque parezca trivial en ese momento, termina alterando todo el curso de nuestro viaje. Esto me pasó con los libros de Carlos Castaneda.

Todo comenzó cuando tenía quince años, en la escuela secundaria. Nuestra profesora de biología habitual se había enfermado y un suplente vino a reemplazarla. Se llamaba Julio Alfano y en clase habló de cosas extrañas que parecían no tener nada que ver con la biología; habló de estar en un estado de silencio, de meditar y conectarse con el universo.

Después de ese día regresó para “enseñar” nuestra clase varias veces. Él abrió el mundo del espíritu a mi atención. Él representó una grieta, rompió un velo que me cubría y ví algo más. Todos tenemos una descripción del mundo. Está la descripción del entorno social, y los videntes del México antiguo tienen otra, y me trajeron una nueva descripción.

Un día, sacó un libro de su bolsa y me dijo: “Creo que deberías leer esto”. Fue “Las Enseñanzas de Don Juan”. Llevé el libro conmigo y comencé a leerlo en el autobús mientras volvía a casa.

Me enganché de inmediato. Además, algo en mí se conmovió profundamente, y lo que comenzó a derramarse de mi ser fue casi una desesperación, una urgencia de asimilar todo lo que estaba leyendo. Nada de lo a que había estado expuesto en el pasado me había enganchado de esta manera. Terminé rápidamente el libro y con avidez compré el siguiente en la serie, y luego el siguiente. Estaba tan absorto con las lecturas que literalmente no podía dejar los libros, leía en cualquier momento que no estaba comprometido con otra cosa. Leía en los viajes en autobús a través de la ciudad, mientras estaba hombro con hombro con la multitud. Hasta leía mientras caminaba en la calle. ¡Caminaba con un brazo sosteniendo el libro al costado la altura de mis ojos para poder mirar brevemente y evitar tropezar con la gente, los edificios y el tráfico!

¿Qué tenía este conocimiento y la forma en que este conocimiento estaba siendo presentado en los libros por Castaneda, que me enganchó tan profundamente?

Cuando me hago esta pregunta, la respuesta que surge en mí es esta: porque no me hablaba intelectualmente; me habló corporalmente.

No era una comprensión como me habían enseñado, contextualizando el conocimiento a través de un proceso de la mente, que, en ese momento, significaba un proceso del cerebro, de la razón. Parecía como si mis propias células estuvieran absorbiendo la información y las ideas que estaba presentando, mi cuerpo en sí estaba siendo abordado, en todas partes a la vez. La mente y el cuerpo eran una sola unidad, despertando a la realidad de un mundo de energía. El aparato de percepción era mi yo completo. Tenía una genialidad que pertenecía a todos.

En la escuela, Alfano había despertado la conciencia del espíritu en mí, y esto inició una ávida búsqueda para descubrir tradiciones espirituales y cualquier tipo de información. Durante mi adolescencia y principios de los veinte, me involucré en el yoga y la cosmología hindú, asistí a charlas y meditaciones de diferentes yoguis, leí sobre la vida de Siddharta Gautama, el Buda, y me involucré en una línea de prácticas de budismo japonés. Durante más de un año, participé de forma recurrente en una comunidad que albergaba refugios tradicionales de nativos americanos de un linaje de Taos, Nuevo México, e incluso me convertí en portero, una posición de importancia como guardián del fuego durante las ceremonias. Aprendí shiatzu y leí a Lao Tze y el I Ching, haciendo lo posible por vivir sus principios en mi vida.

Pero nada resonó en mí como los libros de Carlos Castaneda. Me introdujeron al lado mágico del hombre, trajeron misterio a mi vida diaria y despertaron una sensación de maravilla, de posibilidades. Cuando los encontré por primera vez, él había escrito cuatro libros, así que, después de devorarlos uno tras otro, tuve que esperar hasta que se publicara su próximo libro. Calculé que parecía publicar un nuevo libro cada tres años, que reflejaba sus experiencias y evolución en su propio camino de conocimiento durante los interinos. Este ritmo continuó a lo largo de mis últimos años de adolescencia y veintes, incluso mis años como estudiante de medicina.

En ese momento, me convertí en asistente de un curandero filipino que realizaba cirugías energéticas en personas, que desafiaban la lógica, y entré en un círculo de sanación de Daime, una tradición sincrética de la cuenca del Amazonas que utilizaba la ayahuasca como medio para acceder a estados de percepción más elevados. para ayudar a las personas con enfermedades avanzadas o terminales. Pero uno después del siguiente, a pesar de que seguí aprendiendo y despertando con ellos, estaba ‘a medias’. Pensé: “Tal vez mi camino es así, no es asumir plenamente ninguna práctica o tradición, sino forjar la mía propia, a partir de un caleidoscopio de maestros”.

Durante todos esos años, convertirse en un estudiante formal de Castaneda no era una opción. No había ningún lugar para estudiarlo y ninguna otra fuente directa aparte de los libros mismos. Pero los libros no fueron escritos realmente como manuales para aprender, sino que fueron relatos directos de sus propias experiencias personales.

A mitad de camino durante mi entrenamiento médico, tomé dos años sabáticos de mis estudios formales para viajar por el mundo. Durante ese tiempo, era imprescindible ‘viajar ligero’. La mochila contiene todas las pertenencias, así que imagina que el espacio es precioso. Tal fue el lugar cardinal que los libros de Carlos Castaneda tuvieron para mí que llevé todos sus libros publicados en ese momento, nueve en total, en tapa blanda, en mi mochila!

Y me propuse utilizarlos como libros de estudio durante mis viajes. Quería captar una visión integrada, como un todo. Tomé notas, hice referencias cruzadas de premisas que tocó en diferentes momentos en diferentes libros y las practiqué mientras viajaba por el mundo, desde Australia hasta Asia, Europa y África. Me convertí no solo en un lector, sino en un amante, un practicante y un buscador de lo infinito.

Sin embargo, nunca sentí que era mi función buscarlo, ir a México para tratar de ‘encontrarlo’, como lo hicieron muchos lectores y practicantes de sus libros. Siempre me sentí, extrañamente, de alguna manera casualmente pero convencido de ello, que si mi destino era verlo alguna vez, iba a venir por sí mismo, la vida me iba a brindar la oportunidad en vez de que yo la forzara. Pero nunca imaginé que se haría realidad.

Nunca hubiera soñado o imaginado que mi destino unos años más tarde me llevaría a conocerlo personalmente y convertirme en su alumno directo. De hecho, contra viento y marea, para un niño científico normal, criado en el otro extremo del planeta Tierra, el destino, de hecho, orquestaría asombrosas coincidencias que conducirían a esa realidad. Pero eso, amigos, es una historia para otro momento.

Mi historia de ¿Cómo llegué a Ixtlán?

how Carlos Castaneda inspires you contestPor Ariadna Vasquez Sansores

Mi nombre es Ariadna Vasquez Sansores. Soy de Campeche, Mexico, pero he vivido en la Ciudad de Mexico por muchos años y eso me hace sentirme parte de ella también. Me gustaría compartir la historia de cómo llegué a “Viaje a Ixtlán“. Una historia de aventuras y desventuras que fueron llevando – mi espíritu por inagotables senderos, hasta dar con éste y otros fantásticos libros de Carlos Castaneda. Esta es mi historia:

Pasábamos unos días de descanso con toda mi familia en U.S .A.
Una mañana salimos a un centro comercial, mi mamá fue con mi abuela a buscar unas cosas, y mis tías cuidaban de nosotros, éramos varios primos. En unos minutos que me distraje –o segundos quizá–, una persona que quizá había estado observado la escena y que vio que yo andaba por ahí viendo varias cosas, se acercó a mí, primero pensé que era vendedor de la tienda, ya que me enseñaba todos los juegos que no alcanzaba a ver por mi altura. En muy poco tiempo me sentí en confianza. Mis tías, que son increíbles y que quizá con tantos niños, no percibieron el acecho de aquella persona, no lo vieron en ningún momento, o quizá todo el mundo pensó que era vendedor de esa tienda.

Después de tener mi confianza, tomó mi mano y en un solo pestañeo, me encontraba ya, caminando con él… luego me cargó en brazos, nos dirigimos a las escaleras eléctricas del lugar, bajamos varios pisos, y en cada uno de ellos, recuerdo tratar de encontrar a mi mamá con la mirada, quizá la vería por ahí con la abuela y le gritaría fuerte , pensaba…

Mi corazón comenzó a latir a mil por hora, se me salía del pecho. Recuerdo también el sonido que hacían esas escaleras eléctricas, crujían, su olor de madera vieja y algo de barniz recién puesto. Cada detalle del lugar se ha grabado en mi memoria, están guardadas esas memorias en todas las células de mi cuerpo. Lo puedo sentir y escuchar en mi corazón.

Solo con cerrar los ojos y pensar en la escena, y todo se va desenvolviendo con detalles precisos. Con él caminé horas en la calle, en un momento me cargó y lo abracé. Nunca le grité, yo había confiado en él.
Me sentía destruía y con mucho miedo, lloraba, pero mis lágrimas salían con el más oscuro silencio. Él trataba de secarme las lágrimas, mientras me hablaba para calmarme, su voz… la recuerdo incluso muy bonita , muy tranquila.

¿Pero por qué quería llevarme? , ¿a dónde me llevaría?…
En un momento , después de llorar con mucha pena de ser escuchada, me dije : “Ari, esta será tu nueva vida”.
Me resigne a vivir con alguien más, no opuse resistencia… No supe decir: “¡¡¡¡NO!!!!”. Tenía mucha vergüenza de gritar.

Y me fuí a su lado , llorando en silencio y abrazándolo fuerte de nuevo.

Algo pasó por su cabeza, que no logro descifrar, me devolvió al mismo lugar. Regresamos todo lo andado hasta que llegamos, después de horas de caminar de regreso, nos encontrábamos en el mismo punto de partida, en el mall de donde me había separado de mi familia. En poco tiempo la policía me encontró y yo regresé a mi familia

Por esta experiencia, crecí llena de miedos, miedo a perder a mis seres queridos, miedo a que ellos me perdieran a mí. Crecí insegura y solitaria , siempre con pensamientos existencialistas. Siempre pensando en qué sería si muriera o murieran mis padres, o si simplemente desaparecieran y nunca volviera a verlos. Crecí pensando sobre el sentido que tenía estar aquí en la tierra.

Durante mi infancia, tuve 2 profesores increíbles. Uno de ellos nos enseñó que las tareas de casa y de nuestro salón de clases, limpiar nuestro escritorio, limpiar los cristales, barrer la estancia o el salón de clases, barrer y limpiar mi propio cuarto, lavar los platos y todas esas tareas, podían hacerse con elegancia, con diversión, con música. Toda actividad podía hacerse con magia, si sólo ponemos el deseo y la atención necesaria para que así sea.

El otro profesor nos llevaba al campo, nos hacía admirar la naturaleza, dormir sobre las hojas secas y sentir la diferencia de dormir sobre las hojas frescas, observar las estrellas y ver de cerca los insectos y cada hoja bonita que se atravesaba en nuestro camino. Él nos leyó fragmentos de “ Viaje a Ixtlán “ que todavía recuerdo con el corazón vibrando.

Tenia como 17 años cuando, mi primo y mejor amigo del alma, leyó para mí varios fragmentos de los libros de Castaneda, me leyó partes del “Don del Águila”, fragmentos de “Una realidad aparte”, “ Viaje a Ixtlán “… y ahí encontré los enunciados y frases que habían quedado conservados en mi memoria profunda, de días de primaria y de mi profesor que me inspiró a amar la naturaleza. Ahí me conecté con ese sentimiento de búsqueda de libertad, de liberar mi mente y mi espíritu del dolor contenido por la pérdida del ser de mis entrañas, y por los miedos con los que me abatía día y noche .

Cuando Pelu me prestó. “Viaje a Ixtlán “, y lo leí, empecé a recordar los capítulos leídos en la infancia, encontré la magia y el misterio que necesitaba para empezar a entender, encontré los códigos para una comunicación profunda con mi psique. Nos sentábamos a observar el cielo con un nuevo amor, con nueva vista, las tormentas en el mar, tenían lenguajes ocultos que éramos capaces de descifrar , las estrellas brillaban con una matemática especial nunca antes comprendida, la tierra era un sueño posible. Me senté a observar mis miedos. Y encontré a la vida, como el más fabuloso de los misterios.

Los libros llenaron mi espíritu de anécdotas fabulosas, que quería soñar y vivir. Ahora, muchos años ya han pasado desde aquellos sucesos, y veo con más claridad las otras aristas de esta historia y de mi propio cosmos.

No odio al hombre que me raptó y me devolvió, y pienso que quizá creamos una conexión de amor y aceptación por el otro. Quizá él ahí descubrió que aunque intentara separarme de ellos no podría realmente robar mi amor por ellos, y la conexión que tiene mi alma con cada miembro de mi amada familia. Quizá se conectó telepáticamente a mi lenguaje abstracto, quizá vio mi corazón que le hablaba amorosamente, y entonces… me regaló la vida de nuevo.

Yo sigo en contacto con esos sentimientos, los exploro, los revivo, los abrazo y respiro, para luego liberarlos al cosmos y aprender.

Me levanto contenta, y muy agradecida.
Vivir dentro de este misterio, con todas sus aristas, turbulencias, texturas y tonalidades, a todas luces, es un honor y es un placer.

Gracias.

Con mucho cariño siempre, Ari

Concurso: Como los libros de Carlos Castaneda te inspiraron!

How Carlos Castaneda Inspires You Contest

¡Estamos lanzando un divertido concurso para ganar la participación en nuestros talleres en vivo en la ciudad de México, Inglaterra y Moscú! Este concurso te inspirará a reflexionar y recapitular la primera vez que leas los libros de Carlos Castaneda. ¿Qué te atrajo? ¿Qué te inspiró? ¿Cuántos años tenías? Únete a nuestro concurso en línea en Facebook y publica tu propia historia aquí: Concurso “Cómo te Inspira Carlos Castaneda”.

¡Encuentra aquí ejemplos de historias acerca de cómo nuestros instructores se inspiraron con los libros!

Mi Introducción al Mundo de los Chamanes del México Antiguo

How Carlos Castaneda Inspires You contestPor Tom Reavley

Mi nombre es Tom Reavley y vivo en la ciudad capital de Guanajuato, México, aunque crecí en los Estados Unidos. Mi historia es acerca de cómo me desvié de una carrera convencional como abogado y encontré mi verdadero camino con corazón.

Acababa de regresar a California después de terminar la carrera de derecho en la costa este y estaba emocionado de que al fin comenzara mi carrera profesional como abogado en una gran bufete de San Francisco. Después de tres años de matrimonio, ahora también estaba cumpliendo mi promesa a mi esposa de ayudarla a regresar para terminar su licenciatura en la Universidad de Stanford, donde nos habíamos conocido. Todo iba muy bien. Incluso vivir en una casa de estudiantes casados ​​era una alegría: el invierno de 1974 fue húmedo y las colinas de Stanford, visibles desde nuestra cama, eran de un verde brillante.

Un día después del trabajo, mi esposa mencionó un libro que podría interesarme, parte de su lectura asignada en un curso titulado la psicología de la percepción. El libro era Las Enseñanzas de Don Juan, y lo leí en mi viaje diario de ida y vuelta al trabajo. Me maravilló el coraje del joven antropólogo al experimentar aterradoras experiencias inducidas por las drogas. El segundo libro de Castaneda, Una Realidad Aparte, ya había sido publicado y leí este libro con más avidez que el primero. Parecía lleno de una filosofía práctica que era diferente de cualquier otra que había estudiado y que realmente me emocionó. Sin embargo, los relatos de las experiencias de Castaneda con plantas alucinógenas que llenaron los primeros dos libros me desanimaron. Aunque imaginé que podría arriesgarme a tomar esas plantas si estuvieran disponibles y si tuviera a alguien como don Juan para supervisar la experiencia, ni don Juan ni las plantas estaban disponibles para mí y, en cualquier caso, no podía arriesgar mi carrera como abogado tomando una sustancia ilegal.

Luego leí el tercer libro, Viaje a Ixtlán, una experiencia de la que nunca me recuperé. Hasta ese momento en mi vida, no puedo recordar haber leído un libro más de una vez. Durante los próximos años, probablemente leí Viaje a Ixtán al menos veinte veces. En la introducción, Castaneda explica que finalmente se había dado cuenta de que las verdaderas lecciones no eran las experiencias con las drogas, sino las recomendaciones de comportamiento que hizo don Juan –lecciones sobre cómo endurecer la vida y dejar de vivir como si uno fuera inmortal–. Estas lecciones fueron tan asombrosamente simples y, sin embargo, hermosas que no me cansé de leerlas. Quería experimentar esta magia por mí mismo. Por otro lado, en esta etapa de mi vida, acababa de completar una intensa formación legal de tres años en Harvard, que inculcó el valor de la lógica, la razón y el escepticismo. Nadie me haría el tonto.

El desafío fue: ¿cómo puedo probar estas afirmaciones que hace Castaneda, al menos para mí mismo? Necesitaba evidencia, y tuve que acumularla sin ningún contacto personal con don Juan o Carlos Castaneda. Un día, después de un período de práctica continua, de repente me di cuenta de que podía mantener la visión de todo dentro de mi campo visual de ciento ochenta grados a la vez, sin centrarme en ningún punto en particular. Para mí esto fue increíble. Sutilmente obligó a mi mente a un estado temporal de silencio.

Leí todos los demás libros a medida que fueron publicados y cada uno me dio un impulso de energía y emoción. Un domingo de febrero de 1995 estaba en un restaurante de mariscos con mi familia política. Desde el otro extremo de la mesa, mi hermano menor se levantó para mostrarme una página del catálogo de un centro espiritual de retiros en Nueva York que describía un seminario de fin de semana con Florinda Donner-Grau y Taisha Abelar, dos aprendices de don Juan y asociadas de Carlos Castaneda. Mi hermano sonrió y dijo que él y mi madre me habían nominado para asistir y checar este evento para ellos.

Fue como una sacudida eléctrica: Castaneda patrocinaba un evento para el público en general, después de 25 años de esfuerzos para mantener el anonimato en su vida privada. Intelectualmente, mantuve cierta distancia y dudas. Tal vez el seminario revelaría que estas personas eran un montón de charlatanes que solo intentaban ganar algo de dinero con los crédulos lectores de los libros. En el nivel emocional, me enganché de inmediato: iría al seminario pase lo que pase. ¿Cómo no iba a asistir, después de aferrarme a los libros como una balsa salvavidas durante 20 años? No era exactamente como mi fantasía de que Castaneda y don Juan llamaran a mi puerta y me invitaran a unirme a ellos. Nadie vino a decirme cuán grande era o cuánto me necesitaban. Por otro lado, no parecía una decisión trascendental.

Iba a ir a un seminario de fin de semana. Tuve tiempo y pude pagar el costo. Fue solo un experimento sin inconvenientes. Sin embargo, una parte de mí ya sabía que se me acabó el juego, que la ilusión de la continuidad predecible de mi vida estaba a punto de romperse. El proceso aparentemente lento y sin prisa de ser arrastrado al “intento” de los chamanes del México antiguo se estaba acelerando. No pude resistir. Más importante aún, algo esencial en mí no quería resistir. Dio la bienvenida a este intento con los brazos abiertos. Estaba llegando a casa.

Cómo me familiaricé con las obras de Carlos Castaneda.

How Carlos Castaneda Inspires You ContestPor Anastasiya Ganich

Mi nombre es Anastasiya Ganich y vivo en Moscú. Tenía 24 años cuando rompí con un novio, porque su familia no me aceptó. Tuve que escuchar muchas palabras desagradables e injustas sobre mí. Me dolió y empecé a enfermarme.

Mi madre me llevó a una mujer joven, una curandera, para que me restaurara enérgicamente. Comencé a asistir a sesiones médicas, y esto coincidió con mi larga búsqueda de la práctica energética que deseaba emprender. Después de un corto tiempo comencé a aprender esta técnica, logré ciertos resultados, ayudé a los miembros de mi familia y luego a otras personas.

Durante 5-6 años antes, mi madre se sometió a cirugía y tratamiento por cáncer de mama. Ella derrotó a la enfermedad y ahora continúa buscando opciones para mantener su salud. El sobrino de mi padrastro era un oncólogo principiante, y de alguna manera, en una conversación con mi madre, le contó sobre el interesante autor Carlos Castaneda y le aconsejó que leyera algo de sus libros.

Mamá me contó sobre esto y me pidió que comprara estos libros para ella. Pronto fui a la única tienda de literatura esotérica en Moscú “The Path to Yourself”. Compré todos los libros de Carlos Castaneda disponibles en ruso, publicados por la editorial Sofía. Estos fueron tres voluminosos libros anaranjados; todavía se conservan en mi biblioteca. Mi madre leyó un poco y los dejó en el estante cerca del televisor.

En una de las reuniones con el sanador, le pregunté si sabía algo sobre Carlos Castaneda y sus libros. Ella respondió que lo había leído, pero no le convenía. Yo decidí probarlo. Pronto recogí el primer libro “Las Enseñanzas de Don Juan” y no lo solté hasta que lo leí todo. No fue fácil.

El texto era rico y complejo, la fuente era pequeña, tuve que esforzarme los ojos, los volúmenes son pesados. Pero los llevé conmigo, seguí leyendo en todas partes, en cada oportunidad. No me avergonzaba que no entendiera los conceptos que se presentaban en los libros. Algo en el texto, en su ritmo, llamó mi atención, y no quería parar.

Pasó algún tiempo y un día llegué tarde al trabajo. Estaba nerviosa. En el metro leí otro libro de Carlos Castaneda. No noté nada y me sumergí por completo en el texto. Mi lectura fue interrumpida por un joven que se inclinó hacia mí y me dijo: “Chica, ¿no sabes que los acechadores no leen libros en el metro?”

Levanté la vista con sorpresa y, sin recordar su rostro, tercamente respondí: “Estoy leyendo”, y seguí leyendo. Este día y ese encuentro dejaron una marca profunda en mi vida. Desde entonces, los libros de Castaneda han dejado de ser una lectura emocionante para mí, han adquirido una profundidad emocional para mí y durante años se han convertido en la clave del profundo afecto y amor. Lo que sucedió entonces fue indudablemente una maniobra del Espíritu, porque sólo a través de fuertes emociones y sentimientos fue posible atraparme.

Seis meses después, en 2004, asistí a mi primer taller de Tensegridad en Moscú, y las enseñanzas de Don Juan gradualmente se convirtieron en un elemento de mi práctica espiritual.

La siguiente etapa de mi conocimiento de la sabiduría que se estableció en los libros de Carlos Castaneda fue en 2011, cuando experimenté un fuerte choque emocional y físico. Mi mundo colapsó y con él yo también. Ese año, Aerin, Miles y su hijo Axel llegaron a Moscú. Visité ese primer taller de Being Energy en Rusia. La participación en este seminario me salvó. Y no lo digo sólo por decirlo.

Luego siguieron los módulos del programa de entrenamiento y una profunda inmersión en la práctica de Being Energy. Se me abrió la siguiente etapa. Suave y elegantemente, el conocimiento de los videntes del México antiguo fue introducido y entretejido en mi vida diaria. Es un camino largo y hermoso lleno de descubrimientos inesperados.

Y ahora, después de 7 años, en 2018, nuevamente estoy en un umbral. El conocimiento y las prácticas que Carlos Castaneda ha develado para nosotros se están convirtiendo en parte de mis actividades profesionales. En el verano seré co-líder del taller BE en Moscú. Es increíble los lugares a donde el Camino con el corazón puede conducirnos.

En ese entonces, en 2003, ¿podría pensar en algo como esto? Abriré con valentía esta puerta y aprovecharé esta oportunidad. Siento en mí una fuerza vibratoria y no permitiré que las dudas y miedos interfieran conmigo. Creo en mí misma, ‘Ya me di al Poder que mi destino rige’. Siento una profunda gratitud por el regalo que Carlos Castaneda nos dio, invitando a través de sus libros al maravilloso mundo de la vida real.

Cómo me conecté con los libros del Nagual

how Carlos Castaneda inspires you contestPor Erika Gavin

Me llamo Erika Gavin, soy italiana y vivo en México desde hace 22 años. Mi historia es sobre el momento en que descubrí los libros de Carlos Castaneda y habla de cómo se movieron y me apoyaron para el comienzo de un gran cambio en mi vida.

Estaba inscrita al primer año de la facultad de psicología de Padova, después de salir de una preparatoria que me había encaminado hacia la arquitectura y no lograba sentirme en mi lugar ni allí ni en ningún otro lado. No estaba segura de que la universidad en aquel momento fuera mi camino, sentía las clases frías y los conocimientos a los que tenía alcance no llegaban a mi corazón. Vivía con mis padres, tenía 18 años y en la casa había mucha tensión. Mi padre no estaba de acuerdo con el hecho de que yo estudiara psicología y mi madre me daba un poco de dinero a escondidas para apoyarme. Yo hacía trabajos cuando podía, como mesera o lavando carros, hasta que abrí una imprenta en sociedad con unos amigos, que no funcionó. Me sentía en un momento de transición donde nada era claro y todo había perdido significado, color e impulso. Pedía al espíritu, con el que siempre me comunicaba a mi manera desde niña, un ejemplo de algo que pudiera seguir y me hiciera sentir de nuevo entusiasmada por estar viva y conectada conmigo misma, algo que me ayudara a encontrar mi lugar.

Un día un amigo vino a verme para traerme el libro de “Las enseñanzas de Don Juan” de Carlos Castaneda. Me dijo “te lo traje porque sé que es justo para ti, a mí no me convenció mucho, pero estoy seguro de que tú lo vas a entender”. Desde niña siempre había sido muy inquieta, y me interesaba hablar frecuentemente sobre la muerte, la vida y  la existencia, cuestionando todo. También me sentía muy atraída hacia lo místico y el misterio y la magia escondidos detrás de la fachada de las cosas ordinarias.

El libro me atrapó desde el principio, me hizo sentir algo nuevo, era como si vibrara y tuviera una energía diferente de lo que conocía. Acababa de leer varios libros sobre el holocausto y sentía mi ánimo envuelto en una nube negra. Leyendo a Castaneda experimenté la sensación del sol del desierto revitalizándome y me di cuenta que era posible experimentar el mundo de una manera más emocionante de la que conocía. Sentí inmediatamente que había algo allí que era la respuesta a lo que había pedido. Cuando terminé el libro busqué a los demás y fui leyéndolos uno por uno tan rápido como pude. Viaje a Ixtlán me llenó de asombro y resonó muy adentro de mí. Me hizo sentir que era posible llegar a casa, a este lugar interno que anhelaba; mi mente no lo entendía completamente, pero mi cuerpo lo supo en un instante. Como describía la vida, la muerte y los poderes que gobiernan este mundo me hacía brincar el corazón, quería sentirme parte de todo eso y ser capaz de entregarme a esos poderes. Sentí que el espíritu me mostraba un camino hacia donde siempre había anhelado ir. Muchos conceptos y descripciones que leía me calmaban y me hacían experimentar una felicidad profunda.

Los libros me dieron un gran impulso y despertaron mi curiosidad. Quería saber y conocer más y explorar aquel mundo de alguna manera. Seguí mi instinto y mis ganas de viajar, dejé la facultad de psicología y me preparé para ir a México. Mi primer viaje duró pocos meses, pero México y su gente me encantaron y maravillaron, así que regresé con la idea de establecerme allí por un tiempo. Aún sigo en México hoy en día y estoy muy agradecida por todo lo que he vivido y aprendido y por encontrarme transitando un camino con corazón.

Cómo me familiaricé con los libros de Carlos Castaneda

how Carlos Castaneda inspires you contestPor Andrei Perov

Hola a todos! Mi nombre es Andrei Petrov, vivo en Moscú, Rusia.

En esta historia corta, quiero compartir con ustedes una historia sobre cómo me familiaricé con los libros de Carlos Castaneda.

Siendo un niño, siempre busqué algo más que fuera más allá del mundo que me rodea.

Al principio, literalmente viví cuentos de hadas rusos y sus personajes mágicos y omnipotentes. Al volverme un poco mayor, me enamoré del estilo de fantasía con sus amables y malvados magos, transformaciones mágicas y artefactos místicos.

Luego, los libros sobre budismo, yoga e incluso religión fueron reemplazados. A pesar de que muchas de las lecturas estaban en mí y eran cercanas, la imagen general del “camino” aún no cuadraba. Tal vez no estaba listo para percibir este conocimiento, pero tal vez la abundancia de la terminología inusual que estaba presente en estos libros. Durante un tiempo también me dediqué a las artes marciales, pero los elementos de agresión que entraron en ellos no me sentaron bien.

Y finalmente, en el tercer año de estudios en el instituto, dos amigos cercanos me hicieron un regalo de cumpleaños. Fue el primer libro de Carlos Castaneda “Enseñanzas de Don Juan”. Este momento coincidió con el período en que necesitaba tomar la sesión de verano, que olvidé al instante. Durante varios días no salí de la casa, leyendo el libro desde la mañana hasta altas horas de la noche, hasta que lo dominé por completo.

Desde las primeras páginas me quedó claro que las historias descritas en el libro tienen un significado muy profundo para mí. Tenía la sensación de que por fin conocí a mi fuente: todo apareció y encajó.

Estaba feliz y emocionado con el conocimiento que se abrió en el libro de Castaneda. Sin embargo, en ese momento, no me di cuenta de que este era solo el primer paso, y tal vez el más fácil, en un largo, ya veces peligroso, viaje hacia el conocimiento y el poder.

Siguiendo la “Enseñanza de Don Juan”, leí todos los otros libros de Castaneda y sus asociados, recogiendo una “colección” completa, emitida por la editorial “Sofía”. En ese momento, a finales de los años 90 del siglo pasado, los libros literalmente se tenían que cazar: buscarloe en ferias, así como esperar nuevos libros que aún no se habían publicado.

Hoy en día no leo libros tan a menudo como antes. Principalmente me acerco a ellos en esos momentos en los que quiero encontrar respuestas a preguntas inusuales o resolver situaciones extraordinarias. Una observación interesante es que al abrir el primer libro que me atrae, en un lugar arbitrario, tiendo a encontrar lo que estoy buscando, a veces después de leer un par de páginas, y con frecuencia un solo párrafo.

Además, en comparación con las primeras lecturas, comencé a notar la intensidad del contenido y el significado de toda la obra escrita por Castaneda. Para un lector abierto con un cierto nivel de energía, literalmente un par de frases son suficientes para un cambio que dure toda la vida.

Concluyendo mi historia, quiero expresar mi amor y profunda gratitud a Carlos Castaneda por sus libros, un regalo invaluable que nos dejó a todos, así como traductores y editores que trabajaron en las primeras ediciones rusas.

Como una de las prioridades de mi vida, opté por transferir aún más este conocimiento a las personas interesadas para no dejar que se pierda en el mar de la información digital sin fin y de fácil acceso.

Lo que mi Maestro Carlos Castaneda me Enseñó Acerca de la Muerte

Mis amigos Tom y Susanne de Hawaii me enviaron un mensaje de texto el sábado pasado:

“Durante unos quince minutos nos estuvimos preparando para morir. Y fue real. Y estábamos tranquilos. Qué regalo. Qué lástima que no pudiste venir para disfrutar de la diversión “.

Sonreí y exhalé. Llegué a Los Ángeles unos días antes después de pasar dos semanas con ellos en Hawai. Estaban bien. No estaban siendo sarcásticos. Ambos son terapeutas altamente educados que se jubilaron y ahora viven en la gran isla de Hawai. Son encantadores, inteligentes y audaces. Para ellos, un encuentro con la Muerte, como lo experimentaron cuando la alerta de amenaza de misiles sonó en sus teléfonos, fue un regalo.

Carlos Castaneda me dijo que la muerte está en todas partes: al atardecer, al final del día, cuando cae un pétalo de rosa, en la parte inferior de la página que estás leyendo, al final del aliento estás tomando. Pensar en la muerte nos catapulta a nuevas reflexiones, en una profunda gratitud por el simple pero poderoso acto de estar vivo. Es, según Castaneda, lo que le da ventaja a los guerreros.

Las enseñanzas de Castaneda sobre la muerte fueron una de las principales razones por las que dejé mi trabajo, mi novio, mi tribu y mi vida en Buenos Aires y me mudé a Los Ángeles hace 23 años. Leí sus libros cuando era adolescente y tuve la oportunidad de conocerlo y trabajar con él. Su maestro, Don Juan Matus, era un yaqui de Sonora, México y el líder de un linaje de videntes. Don Juan le transmitió su conocimiento a Castaneda, y él me lo pasó a mí.

A lo largo de los años de mi aprendizaje con Castaneda, habló sobre la muerte a menudo. Decía que la muerte es un recordatorio para estar alerta, un punto de referencia para comportarse con amabilidad, un impulso para establecer prioridades, una inspiración para el cambio o para sacudirse la mezquindad de las preocupaciones cotidianas.

A menudo me encontré atrapada en pensamientos contraproducentes, preocupándome por los pequeños detalles de la vida cotidiana, como estresarme por los exámenes de mi escuela, mi desempeño en el trabajo y lo que otros pensarían de mí, o las 15 libras extra que no podía eliminar. Él observó mi agitación y me preguntó:

“Ya que lo peor que te puede pasar ya está sucediendo –morirás algún día–, entonces ¿qué tan importante es realmente tu confusión interna? Verdaderamente, piénsalo.”

La presencia de la muerte y el hecho de que no sabía cuándo y cómo iba a morir me ayudaron a librarme de mis propias preocupaciones y a aportar claridad, determinación y sentido de propósito a mis acciones.

“¿Qué es lo que realmente tenemos, excepto la vida y nuestra propia muerte? Lo que hay que hacer cuando estás impaciente, don Juan me dijo, es girar a tu izquierda y pedirle consejo a tu muerte. Nos liberamos de una inmensa cantidad de mezquindad si tu muerte te hace un gesto, o si la vislumbras, o si solo tienes la sensación de que está ahí mirándote “.

Una vez, durante uno de mis primeros almuerzos con Castaneda y sus colegas en un restaurante en Santa Mónica, él me preguntó: “¿En qué crees que vale la pena pensar?”

“La muerte”, dije. No estaba tratando de complacerlo o escaparme con una respuesta fácil. Experimenté la muerte como la pérdida de seres queridos, como un final que me dejaba con un vacío y una tristeza sin resolver, una angustia difícil de descifrar. Evitaba reflexionar o incluso pensar en la muerte; y, sin embargo, ahí estaba, sentada junto a Castaneda en mi búsqueda para aprender más sobre la muerte.

Una serie de recuerdos me llegó en primer plano cuando volvió toda su atención hacia mí, curioso por saber más sobre eso.

Compartí con él algunos encuentros con la muerte que todavía estaban presentes en mi cuerpo. La primera vez que me encontré con la muerte, tenía ocho años y me enfermé de fiebre reumática. Pasé un año postrada en cama con fiebre alta. En un caso tuve una experiencia “fuera del cuerpo”, donde me vi literalmente separada de mi cuerpo, sobre la cama y mirándome en la cama.

La segunda experiencia que tuve con la muerte fue cuando tenía 14 años. Encontré cadáveres flotando en el río de la Plata en Buenos Aires, durante la dictadura militar que torturó y asesinó a miles de personas inocentes.

Luego, cuando tenía 17 años, salí de la ciudad con mis amigos para pasar las vacaciones en la playa. Su auto era algo pequeño para seis personas y yo no cabía bien. Mi madre no me dejó ir con ellos y tuve que ir con mi tía y mi primo. En la autopista, en el camino a la playa, el automóvil de mis amigos se estrelló contra un camión y los cinco murieron al instante.

Un par de años después de ese incidente, me caí al suelo de una discoteca cuando bailaba embriagada y tuve una convulsión. Mi corazón literalmente dejó de latir por unos segundos y me produje un corte severo en la cabeza.

Después de ese incidente, me tomó algunos años regresar a mi cuerpo. Lentamente cambié mi vida por completo. Comencé a comer saludablemente, cambié mi trabajo, cambié a mis amigos. Comencé a mostrar interés en las modalidades de sanación, en el crecimiento interno y en la espiritualidad. Todo me llevó a conocer a Castaneda en 1995.

“La muerte te ha tocado y te ha dado una segunda oportunidad”, me dijo ese día en el restaurante. “Nuestro encuentro con la muerte es inevitable. Va a suceder. La pregunta para ti –que es la pregunta para todos nosotros–, es: “¿Cómo vas a ir a ese encuentro? ¿Cómo vas a usar tu tiempo?”.

Este es el primer artículo en una serie llamada “Lo que Carlos Castaneda me Enseñó Acercad de…”. Estaré compartiendo algunas de las cosas más valiosas que recibí durante mi aprendizaje con Castaneda y que han cambiado la forma en que vivo mi vida. ¡Estén pendientes! Y visiten energylifesciences.com para aprender más acerca de nuestra comunidad.

El Capullo Mágico – Como Recuperé mi Relación Con mi Hija!

Por Tom Reavley

Una noche subí a un taxi en la Ciudad de México con mi hija y una amiga.  Llevábamos a mi hija con un curandero famoso de la ciudad.  Esta noche había una lluvia ligera y las luces de la ciudad se reflejaban el las calles mojadas.  Para el D.F., el tráfico estaba tranquilo y procedimos hacia el barrio de Coyoacán.  

Estaba emocionado y a la vez nervoso–esta cosa de ir con un curandero, y más con mi hija, era tierra desconocida.  Ella confía en mí, pero realmente yo no entendía nada–la única cosa que me sostenía era un sentido de lo mágico alrededor, de estar en un capullo protector mientras viajábamos a la cita.

La historia empezó unos tres meses antes.  Creía toda mi familia que mi mamá estaba a punto de morir y nos reunimos en su ciudad al lado oeste de los Estados Unidos.  Fue la primera vez que había visto a mi hija en seis meses; ella acababa de graduarse de la universidad y trabajaba lejos de mi.  

El vínculo emocional entre nosotros quedó dañado después del divorcio cinco años antes.  Nos veíamos y hablábamos, pero existía una barrera–no alcanzábamos a ser realmente honestos uno con otro como antes.  Sin embargo, me enteré de sus problemas de salud y, cuando mi mamá se recuperó, decidí arriesgarme a proponerle a mi hija que viera un curandero en México, aunque estaba casi seguro que lo iba a rechazar.  

Probablemente nunca le habría mencionado el tema si no me hubieran pasado unas cosas extrañas, apuntándome en esta dirección.  Un día comía con un grupo de personas en San Luis Potosí.  Una mujer de la Ciudad de México empezó a hablar de la autobiografía de Alejandro Jodorowsky.   Me fascinaron sus comentarios y decidí que me gustaría leer el libro si lo podía encontrar.  Regresé a mi departamento en Guanajuato la misma noche, y mi compañero del departamento, quien no sabía nada de mi conversación en San Luis, me ofreció el mismo libro de Jodorowsky.

 Ni lo había leído pero dijo que se le ocurrió que me interesaría.  Me quedé con la boca cuadrada y leí el libro enseguida.  Me gustó mucho, sobre todo las historias de las experiencias de Jodorowsky con Doña Pachita, una curandera muy conocida en la Ciudad de México.  Años antes yo había leído sobre esta misma curandera en los libros de Carlos Castaneda.

 Jodorowsky escribió que Pachita ya se había muerto, pero que su hijo seguía el oficio de curandero en Paris.  Dentro de una semana estaba hablando con una amiga querida en Guanajuato y me mencionó desde la nada que había acudido al hijo de Pachita, que no estaba en Paris sino en la Ciudad de México.  Me ofreció presentar a mi hija con el “Hermano” (como se conocía el ser que hablaba por el curandero).  También nos ofreció hospedaje en la casa familiar en la ciudad.  

Una semana después de proponer ver el curandero a mi hija, ella me llamó y aceptó.  Lo más sorprendente fue que su mamá estaba a favor también.  Sentía que las cosas estaba arreglándose y fluyendo tan suave y natural que la única manera de proceder era aceptar y soltar el control.  Esta noche en el taxi, viajaba en un ensueño–el mundo era nuevo, casi desconocido.  Estaba maravillado de la calma y la valentía de mi hija, y tan agradecido a mi amiga por haber facilitado todo.  Hizo un enlace emocional con mi hija inmediatamente al conocerla y le ofreció un apoyo maternal incondicional.

El curandero le recomendó a mi hija una “operación” psíquica.  Después tuvo que mantenerse en reposo por cinco días, sin levantarse de la cama excepto para ir al baño.  Le recetó una dieta especial y unos tés herbales.  Durante esos días, yo la cuidé con toda mi atención y cariño como si fuera una bebé recién nacida  Hice los tés, fui al mercado del barrio a comprar la comida indicada, la acompañé en su recámara cuando no estaba durmiendo.  

Con tiempo la condición física de mi hija mejoró, pero creo que aun más importante fue lo que pasó entre nosotros.  Por primera vez desde mi separación de su mamá, volvimos a encontrar la confianza, la honestidad y el amor entre nosotros que se habían perdido.

Después de regresar a casa mi hija escribió a nuestra anfitriona Lilia.  Dijo que le estaba tan agradecida por haberle regresado a su papá.  Yo también le di las gracias a Lilia y a su linda familia por haberme ayudado a recuperar a mi hija.  Aun más allá, mi agradecimiento alcanzó y sigue alcanzando algo más abstracto pero tan real:  el alma energética de esta ciudad encantadora, que me envió a un mensajero en San Luis Potosí y a la anfitriona perfecta para mi hija, y que nos envolvió en su capullo sanador, un ensueño compartido que nunca olvidaré.

Cuicuilco, Donde Me Reconecto Con Mi Legado

cuicuilco

Por Aridana Vasquez

El Valle de México tiene movimiento y quietud en un mismo instante.

¿Y si explorando la ciudad nos encontráramos de pronto en este espacio inerte entre el caos y la quietud? Podríamos entrar y salir del laberinto de la ciudad con un solo pestañear, y así encontrar nuestro propia voz, nuestro propósito y legado aceptando nuestra dualidad del fluir de la luz y vida que somos y de la quietud, oscuridad y muerte que también somos.

cuicuilcoEn el intento por vivir el día en total consciencia, cada vez que puedo, salgo de mi trabajo y me tomo un momento para ordenar mis pensamientos.

Camino hacia Cuicuilco, la zona arqueológica mesoamericana del periodo preclásico localizada en el sur-este del valle de Méjico, es traducido como el Lugar donde se hacen cantos y danzas. Esta ciudad tan lejana en el tiempo lineal aparente, y a la vez tan presente, la siento en plena conexión con mi espíritu ancestral. Ha sido siempre un refugio de ideas, un refugio silente de mares en calma para mi propia tempestades. Y se encuentra en plena ciudad, cerca de mi trabajo!.

Cuando llego a Cuicuilco respiro profundo y una recolección de antiguas memorias, me lanzan volando a ese espacio aislado y detenido en el tiempo. Siento que Cuicuilco me llama, y que quiere compartir conmigo sus secretos. Me gusta sentirme protegida por sus campos de lava. Las erupciones del Volcán Xitle sepultaron y destruyeron a Cuicuilco. Este desastre provocó la dispersión de la cultura Cuicuilca hacia Toluca y Teotihuacán; sus habitantes tuvieron que renacer y fortalecerse de nuevo.

cuicuilcoQuizá sea la energía de todo ese espacio cubierto de lava, las miles de vasijas y huesos que quedaron atrapados en la roca volcánica, en contención; quizá sean esos secretos cubiertos y atrapados en aquellas erupciones del Xitle donde la lava eternizó el momento. Como cuando estoy aquí parada se suspende mi tiempo y se aclara mis pensamientos.

Cuicuilco se abre a mis ojos como un núcleo vigoroso de energía reparadora.

Su pirámide circular me trae el recuerdo del viento que fluye sin barreras y limpia mi ser dual, lo despierta.

Me siento con el libro de Ernesto Sábato, “Sobre héroes y tumbas”  y esta oración llama mi atención:

“Un Misterioso acontecimiento se procede en estos momentos: anochece.”

cuicuilco¿Qué pasaría, entonces, si realmente viéramos pasar los días ir y venir , envueltos en el  misterio?…

¿Cómo serían nuestras vidas si nos dejáramos sorprender por la complejidad del anochecer?

¿Si realmente pusiéramos toda nuestra atención en una sola rotación terrestre, y al final del día encontráramos otras respuestas sobre nuestra especie o sobre nuestro ser?

¿Qué siento yo de verme aquí, en este instante, en este espacio de tiempo?”

Me hago estas preguntas desde que era muy pequeña: pensaba siempre en la dualidad de la vida y la muerte. Cuando sentía miedo, de un momento a otro, el viento venía a calmar mi espíritu… el viento de una noche llena de misterio.

cuicuilcoEn Cuicuilco, el viento fluye y pasa silbando una música para mi adentro, y a veces se topa con las aristas de mis pensamiento. Su pirámide circular se siente fluir, abrazando y reconstruyendo cada idea, cada pensamiento hasta su liberación; la redondez de su pirámide principal lo hace posible. Así se recibe el canto y la danza del lugar, sin obstáculo alguno; solo fluye y emprende vuelo a nuevas percepciones. Mis preocupaciones diarias desvanecen y danzo en el silencio. Me corazón se abre aún más y un ímpetu por reconocerme como parte de este misterio que me envuelve.

El viento toca mi mejilla mientras me recuerda “Estoy aquí, celebró mi tiempo, mis pasos, mi obscuridad y mi propio canto. Soy la vía donde confluyen los tiempos. Crece mi corazón”.

Soy vida.”