La perfecta imperfecta hija

Siempre me sentí pequeña alrededor de mi madre. De niña la veía como el comandante en jefe de la familia, a cargo de todas las decisiones y la fuente de todo lo que necesitaba y quería.

Recuerdo que tenía seis años, una tarde puliendo los pisos de madera de la sala de estar de nuestra casa. Estaba enfocada en hacer un buen trabajo para conseguir la aprobación de mi madre. Cada esquina del piso era brillante. Pulí debajo del sofá, el área del comedor y la mesa de la consola, donde se exhibía el gran jarrón blanco que pertenecía a la bisabuela. Ese era el único artículo “valioso” en nuestra familia de seis niños y un perro. La cuerda del pulidor de pisos se enredó alrededor de una de las patas de la mesa sin que me diera cuenta. Mientras me alejaba con orgullo hacia el pasillo, pensando que había hecho un gran trabajo, tiré del cable accidentalmente, sacudiendo la mesa. El jarrón cayó al suelo y se rompió en docenas de piezas.

Mi madre no se enojó como yo esperaba. En su lugar, exhaló con resignación y sin mirarme, salió de la habitación. Un sentimiento de culpa se acumuló en mí y permaneció durante décadas.

Crecí consciente de las largas horas de trabajo de mi madre en la casa. No teníamos máquinas lavaplatos, lavandería ni secadoras. Todos vivíamos con un presupuesto ajustado. Ella hacía la limpieza, las compras y cocinaba todas las comidas, incluyendo el pan. Ella cocía nuestra ropa y trabajaba para afuera arreglando ropa para los vecinos, produciendo los pesos adicionales que necesitábamos para pasar el mes.

Mi madre no tenía tiempo para llevarme a la escuela o de sentarse conmigo para hacer la tarea. Ella se perdió la mayoría de las conferencias de maestros y padres y mis graduaciones de la escuela primaria y secundaria. Yo era demasiado joven para entender y reconciliar la necesidad de su atención y conexión con sus demandas de criar a seis hijos.

De adolescente, me molestaba el hecho de que mi madre estuviera ocupada haciendo cosas para otras personas, ayudando en la iglesia o visitando amigas, y que no tuviera tiempo para mí. Me distancié: ella no sabía nada de los abusos sexuales que sufrí, mi frustración por la injusticia social, mis sueños de viajar por el mundo, mis novios.

Unos días antes de mi primer viaje a Los Ángeles, a donde finalmente me mudé, estábamos sentadas a la mesa de la cocina: ella quería hablarme sobre mi viaje. Mi madre nunca había salido del país; estaba con miedo y preocupada Ya tenía más de veinte años y una conversación íntima con mi madre la sentí incómoda y extraña. No sabía cómo hablar con ella, así que coloqué mi cabeza en su regazo, como hacen los niños pequeños, para que la madre los acaricie.

Mi madre no se movió. El contacto físico conmigo era incómodo para ella y me pidió que me sentara derecha. Ahí estaba otra vez, sintiéndome como la hija no deseada que no sabía cómo complacer a su madre. Una serie de situaciones similares llegaron a mi conciencia:

  • No mantuve mi cabello rizado corto como ella quería: en lugar de eso, llevaba el pelo largo y rubio, luego lo teñí de azul, luego rojo  y luego negro.
  • No quería casarme y depender de un hombre.
  • No estudié para ser secretaria, maestra de escuela o enfermera, los trabajos destinado a las mujeres en mi familia. En cambio, estudié teatro y artes.
  • Me uní a las protestas callejeras por los derechos humanos y de las mujeres.
  • No confesé mis pecados a los sacerdotes.
  • No fui a la iglesia en cambio, me uní a grupos que cuestionaban la existencia de Dios.
  • No me quedé en casa hasta el día anterior en que me casé como lo hicieron mi hermana y mis hermanos. En cambio, conseguí un trabajo y alquilé mi propio apartamento.

Y luego, me mudé a otro país, y durante varios años no nos comunicamos.

Mi madre sobrevivió a todas las decepciones, dolores y dolores. Ella no abandonó nuestra relación, y yo tampoco. Sané mis sentimientos de abandono, mi percepción errónea de no ser deseada y querida.

Años más tarde, después de nuestra reunión y sanación, hablábamos, mirándonos a los ojos, con honestidad. No nos convertimos en mejores amigas, pero, sin embargo, establecimos una conexión real y profunda.

Ocho años atrás, me encontré sentada al final de su cama en el hospital; le estaba masajeando los pies con ternura. Le habían diagnosticado cáncer de pulmón y su cuerpo estaba muy débil. Con remordimiento, mencioné a mi madre acerca de mis sentimientos de culpa por romper el jarrón. Ella se rió. No esperaba eso. Ella dijo que odiaba ese jarrón, y en realidad estaba contenta de que se rompiera. Traté de hacer un punto recordándole lo decepcionada que estaba conmigo durante mis años de adolescencia. Ella sonrió. Ella dijo que estaba pasando por su menopausia y que su comportamiento hacia mí no tenía nada que ver conmigo. Te quiero, me dijo. Te quiero, le dije.

Hoy, puedo entender y reconciliar nuestras diferencias y amar a mi madre más que nunca. Estoy agradecida, ella fué la madre perfectamente imperfecta para mí y yo fuí su hija perfectamente imperfecta.

8 comments on “La perfecta imperfecta hija

  1. M Patricia Aguirre on

    I read this and reflect on my mother who had to care for 4 kids…in a new country…no helper, all alone…similar to your mom. she didn´t have time for me…and I felt jealous of my older sister…
    However, she brought breakfast to all her kids in bed…every single day…before we left to school…She was there always in her own way. My Dad was the hero…Today I feel sad i didn´t honor her while she was alive. She was silent…back stage…And all the love for nature and for caring for people came from her…In silence. thanks Aerin. Te quiero muuuucho!

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  2. Patricia Steach on

    Thank you so much for sharing your story Aerin. It couldn’t have come at a better time. I celebrated Mother’s Day yesterday with my son, daughter and granddaughters. The day had been wonderful until late in the afternoon when some ridiculously insignificant comment set off an argument with my daughter which escalated into a physical confrontation. It took me by surprise but I was not shocked because I have been aware for decades of the resentment my daughter harbors towards me and understandably so. I have found that even the women in my life I am closet to are reluctant to talk about this subject because it carries so much shame to admit that the “sacred” bond between a mother and her children is not always easy, pleasant or even filled with love in every moment. My son spoke with me after the commotion had settled down and he suggested that instead of the two of us continuing to force a phony camaraderie, we accept the fact that even though we love each other dearly we have a personality clash that apparently is never going to completely resolve itself no matter how much we both wish otherwise. He said we should let the relationship be what it honestly is, allow each other space and trust that love will find a way. Curiously enough I had a similar relationship with my mother, she with her mother and my sister with her daughter. Mother daughter relationships can be convoluted, beautiful, ugly and a blessing as we help each other grow and develop into more complete human beings. Today I feel released from so many years of bottled up guilt because I understand more than ever that we are all flawed and just trying our best. Thank you again for your honesty and strength in bringing this taboo truth into the light.

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  3. Sergey L’aryushkin on

    Thank you for the beautiful letter. I think I understand you. my relationship with my mother was not smooth. and I had to work hard to heal our relationship. a little sad that we are a little late with our love for our parents. and they leave. and we love them after.

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  4. Masha on

    wow! Thats a great story! The authoritarian figure of mom produced the rebelling daughter! The guilt is a common thing – i have it too. To the point i can not leave the man i dont like for 10 years. Out of guilt and out of feeling that “it could be worst”. Thank you for sharing!

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  5. Marie Kvarnström on

    Thank you Aerin,

    This is so deeply touching! I guess we all want to be perfect mothers, but you remind us that we are good enough just as we are, and so are our mothers, with our imperfections. Thank you!

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  6. Nohra on

    Querida Aerin,
    Muchas gracias por compartir esta parte de tu historia, una historia que me es familiar, la historia entre madre e hija, que tal vez puede ser también la historia de dos seres humanos. En tu caso gracias al amor es que los corazones se unen más allá de toda una vida llena de desencuentros emocionales. También fué mi historia el saberme amada y sinembargo no sentirme vista, no tener la antención o empatía de la madre triste, de la madre amarga, de la madre ocupada. Ahora sé tambien que es mi tarea amar, amarmeme y amarla. Ella no me amó como yo hubiese querido que lo hiciera sino como ella podía. Solo el amor puede sanar y perdonar y limpiar para que al final solo haya dos corazones que se aman. La historia ya no importa.
    Te agradezco muchísimo porque tu experiencia me inspiró a resolver la mía.
    Un abrazo querida Aerin,
    Nohra

    Dear Aerin,
    Thank you very much for sharing this part of your story, a story that is familiar to me, the story between mother and daughter, which may also be the story of two human beings. In your case, thanks to real love, that hearts unite beyond a lifetime full of emotional disagreements. It was also my story to know that I was loved and yet not to feel seen, not to have the attention or empathy of the sad mother, the bitter mother, the busy mother. Now I also know that it is my task to love, to love myself and to love her. Exactly how she is. She did not love me as I would have liked her to do but as she could. Only love can heal and forgive and cleanse so that in the end there are only two hearts that love each other. History doesn’t matter anymore. I thank you very much because your experience inspired me to solve mine.
    A hug dear Aerin,
    Nohra

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