El Capullo Mágico – Como Recuperé mi Relación Con mi Hija!

Por Tom Reavley

Una noche subí a un taxi en la Ciudad de México con mi hija y una amiga.  Llevábamos a mi hija con un curandero famoso de la ciudad.  Esta noche había una lluvia ligera y las luces de la ciudad se reflejaban el las calles mojadas.  Para el D.F., el tráfico estaba tranquilo y procedimos hacia el barrio de Coyoacán.  

Estaba emocionado y a la vez nervoso–esta cosa de ir con un curandero, y más con mi hija, era tierra desconocida.  Ella confía en mí, pero realmente yo no entendía nada–la única cosa que me sostenía era un sentido de lo mágico alrededor, de estar en un capullo protector mientras viajábamos a la cita.

La historia empezó unos tres meses antes.  Creía toda mi familia que mi mamá estaba a punto de morir y nos reunimos en su ciudad al lado oeste de los Estados Unidos.  Fue la primera vez que había visto a mi hija en seis meses; ella acababa de graduarse de la universidad y trabajaba lejos de mi.  

El vínculo emocional entre nosotros quedó dañado después del divorcio cinco años antes.  Nos veíamos y hablábamos, pero existía una barrera–no alcanzábamos a ser realmente honestos uno con otro como antes.  Sin embargo, me enteré de sus problemas de salud y, cuando mi mamá se recuperó, decidí arriesgarme a proponerle a mi hija que viera un curandero en México, aunque estaba casi seguro que lo iba a rechazar.  

Probablemente nunca le habría mencionado el tema si no me hubieran pasado unas cosas extrañas, apuntándome en esta dirección.  Un día comía con un grupo de personas en San Luis Potosí.  Una mujer de la Ciudad de México empezó a hablar de la autobiografía de Alejandro Jodorowsky.   Me fascinaron sus comentarios y decidí que me gustaría leer el libro si lo podía encontrar.  Regresé a mi departamento en Guanajuato la misma noche, y mi compañero del departamento, quien no sabía nada de mi conversación en San Luis, me ofreció el mismo libro de Jodorowsky.

 Ni lo había leído pero dijo que se le ocurrió que me interesaría.  Me quedé con la boca cuadrada y leí el libro enseguida.  Me gustó mucho, sobre todo las historias de las experiencias de Jodorowsky con Doña Pachita, una curandera muy conocida en la Ciudad de México.  Años antes yo había leído sobre esta misma curandera en los libros de Carlos Castaneda.

 Jodorowsky escribió que Pachita ya se había muerto, pero que su hijo seguía el oficio de curandero en Paris.  Dentro de una semana estaba hablando con una amiga querida en Guanajuato y me mencionó desde la nada que había acudido al hijo de Pachita, que no estaba en Paris sino en la Ciudad de México.  Me ofreció presentar a mi hija con el “Hermano” (como se conocía el ser que hablaba por el curandero).  También nos ofreció hospedaje en la casa familiar en la ciudad.  

Una semana después de proponer ver el curandero a mi hija, ella me llamó y aceptó.  Lo más sorprendente fue que su mamá estaba a favor también.  Sentía que las cosas estaba arreglándose y fluyendo tan suave y natural que la única manera de proceder era aceptar y soltar el control.  Esta noche en el taxi, viajaba en un ensueño–el mundo era nuevo, casi desconocido.  Estaba maravillado de la calma y la valentía de mi hija, y tan agradecido a mi amiga por haber facilitado todo.  Hizo un enlace emocional con mi hija inmediatamente al conocerla y le ofreció un apoyo maternal incondicional.

El curandero le recomendó a mi hija una “operación” psíquica.  Después tuvo que mantenerse en reposo por cinco días, sin levantarse de la cama excepto para ir al baño.  Le recetó una dieta especial y unos tés herbales.  Durante esos días, yo la cuidé con toda mi atención y cariño como si fuera una bebé recién nacida  Hice los tés, fui al mercado del barrio a comprar la comida indicada, la acompañé en su recámara cuando no estaba durmiendo.  

Con tiempo la condición física de mi hija mejoró, pero creo que aun más importante fue lo que pasó entre nosotros.  Por primera vez desde mi separación de su mamá, volvimos a encontrar la confianza, la honestidad y el amor entre nosotros que se habían perdido.

Después de regresar a casa mi hija escribió a nuestra anfitriona Lilia.  Dijo que le estaba tan agradecida por haberle regresado a su papá.  Yo también le di las gracias a Lilia y a su linda familia por haberme ayudado a recuperar a mi hija.  Aun más allá, mi agradecimiento alcanzó y sigue alcanzando algo más abstracto pero tan real:  el alma energética de esta ciudad encantadora, que me envió a un mensajero en San Luis Potosí y a la anfitriona perfecta para mi hija, y que nos envolvió en su capullo sanador, un ensueño compartido que nunca olvidaré.

3 comments on “El Capullo Mágico – Como Recuperé mi Relación Con mi Hija!

  1. Donovan Netherland on

    A beautiful story/event, Tom!!! Thank you for sharing! Such a seemingly natural unraveling, yet unpredictable. I’m greatful you mentioned letting go of your habitual desire to control situations. This is something I do myself, but never had considered before reading your story—it some how felt internally liberating to hear you say it. So happy to hear a tale of true healing, and that you and your daughter have reconnected!

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  2. Ale Hernandez on

    Powerful!
    Tom, thanks for sharing your beautiful story and how you followed that energy. Or it follow you?
    Yes, Mexico City is full of mystery and magic, as well of great healers. Perfect place to reconnect with your daughter.

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