La Espiral de mi Vida – Pablo Baynon en el Camino con Corazón

La espiral de mi vida comenzó en plena revuelta social. Estaba en la panza de mi madre cuando la policía la detuvo junto a otras personas en una protesta. Mi mamá también cantaba antes que yo naciera, pues mi abuelo materno tocaba el piano mientras mi abuela armaba mapamundis y atendía un almacén. Mi padre era obrero entonces, como mi abuelo paterno, que era tornero; y mi abuela era hija de campesinos de la Patagonia. A temprana edad me tocó la última dictadura militar de Argentina. Mis padres intentaron mantenernos, al margen del horror que vivían, pero recuerdo el miedo expresado en sus ojos y mi propio temor a toda la gente, pues me parecía amenazante..
adobeAfortunadamente vivía en una barrio en donde jugaba con muchos niños. También dibujábamos, cantábamos y hacíamos obras de teatro con mis hermanos y primos. Todo lo anterior conformaría mi pasión y propósito en este mundo. Se sumó entonces otro elemento que pasó desapercibido por muchos años. En la escuela de verano donde asistía con otros niños, una tarde calurosa, nos llevaron a caminar hasta un pequeño puente de madera sobre un arroyo. Los maestros platicaban ente sí a unos metros cuando llamaron mi atención los comentarios de los pequeños. Miré hacia donde señalaban y vi algo que aún no puedo diferenciar de un sueño: en la barranca terrosa del arroyo, esculpida en la tierra negra, había un gran rostro, de labios gruesos, nariz ancha y dos piedras rojas carmín brillante en los cuencos de ambos ojos. Contemplé la imagen en silencio y oí decir a los niños que esa cara fue hecha por los “indios”, que si se le arrojaba una piedra, provocaría lluvia.

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Fui desarrollando mi gusto por el dibujo, el deporte, hacer canciones y también por la participación política. Cuando me invitaron a tocar en un grupo de rock, sentí al fin tener un lugar en el mundo. Sin embargo, algo no funcionaba. Varios años después mis compañeros de música tuvieron hijos, o bien su trabajo los demandó por completo. Fue entonces que un amigo me prestó “Una Realidad Aparte” de Carlos Castaneda. Cuando acabé el libro salí a la calle, como siempre; pero, por primera vez, caminé en completo silencio. Y fue caminando, tiempo después, que tomé la decisión de seguir el “camino con corazón”. Comprendí qué era lo que no funcionaba en mi relación con la música. Yo buscaba, en realidad, algo por lo cual sentirme seguro y reconocido. Quería ser como los músicos famosos. Para seguir el nuevo camino tuve que hacer un arreglo: De allí en más, la música seria mi compañera de ruta y cantaría ante quien quisiera escucharme.

la quemadaPara seguir el camino con corazón, ¡qué mejor que viajar a México! Además probaría si podía valerme por mí mismo. Corroboré en tierras mexicanas el inmenso legado de los antiguos sabios, plasmado aún en su infinita cultura. Sin embargo poco a poco perdí el ímpetu y quedé agobiado por el día a día y un desamor. Una tarde, caminando, me llegó la idea de que debía conocer a nuevas personas. Esa noche encontré a un practicante de los pases energéticos. que al día siguiente me llevó a una práctica. Ahí conocí a mi esposa.

Los pases energéticos me dieron un enorme envión y mi amada me propuso irnos a Michoacán a vivir en una granja. Sin embargo…tenía miedo. Decidí ir a dar una vuelta por las montañas para tomar la gran decisión. En la estación de trenes, un señor que caminaba a mi lado, me regaló una revista: ¡Una señal! Pero, por más que leí el ejemplar, no hallé nada que resolviera mi duda. Realmente no sabía bien qué quería hacer de mi vida y, tras un par de años de marchas y contra marchas, mi compañera y yo fuimos realizando esa propuesta. Me quedó, sin embargo, esa sensación dubitativa. Podría haberme ahorrado muchos disgustos y disfrutar más aquel período si hubiera prestado atención a la revista que me dio el misterioso hombre. La hojeé años después: en la contratapa había una enorme fotografía de las mariposas monarcas, ¡el símbolo de Michoacán!

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13147945_10154784442769008_684090214_oActualmente la granja se mudó a la provincia de Córdoba, Argentina. Cuando en un ejercicio de acecho nos pidieron que halláramos la piedra que aún tenemos en nuestro corazón cerré los ojos y reviví el terror del tiempo de la dictadura. Pero también vi la imagen de la abuelas de pañuelos blancos que lograron, con ayuda de las instituciones, que esa gente que me aterrorizó obtuviera su merecido. Decidí dejar ese miedo atrás.

Mi linaje, el rostro esculpido en la barranca terrosa, la música, los pases energéticos, el amor al prójimo, mi amada… todo engarzado en la espiral de esta vida.

La Forma de la Espada, ejecutada por Pablo Baynon

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